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Capilla de San Agustín y Santa Eulalia de Mérida

28 de Septiembre de 2014
Iglesia en Córdoba 434 ImagenLa segunda capilla del muro occidental de la Catedral de Córdoba está dedicada desde 1409 a estos dos santos. El primero, gran converso y Doctor de la Iglesia es sobradamente conocido. Lo es quizá menos santa Eulalia de Mérida, cuyo martirio, cantado ya a principios del siglo V por Aurelio Prudencio en el Carmen III de su obra Peristepha-non, se produjo en la terrible persecución de Diocleciano (303-305), como la de nuestros mártires Acisclo, Victoria, Zoilo, Fausto, Jenaro y Marcial.

Sin embargo, en esta capilla no aparece imagen alguna de dichos santos -aunque a la derecha, sí existe una pintura de un santo agustino, San Guillermo de Aquitania®-. Por el contrario, un enorme lienzo con otro asunto ocupa el frontal del espacio, sobre un espléndido altar de mármoles». Puede sorprendernos el aspecto del cuadro, en forma de un gran arco de herradura. Dejemos, pues, que M. Nieto Cumplido nos aclare y describa este conjunto [La Catedral de Córdoba, p. 346-347]: en 1852, por hallarse sin retablo, se autorizó la colocación en ella del retablo del Colegio del Angel de la Guarda, de Infantes de Coro. Pocos años después, en 1886, se traslada a este lugar el gran cuadro de San Rafael en su aparición al P. Roelas (culminado en arco de herradura), obra de Antonio
Alvarez Torrado fechada en Madrid en 1788, procedente del cerramiento norte de la antigua capilla de Villaviciosa. El altar de mármol que lo sustenta, obra de 1733-34, ¿ Tomás Jerónimo de Pedrajas (1690-1757)?, procede del mismo lugar. Ciertamente, es fácil imaginar este gran lienzo embutido en el riquísimo arco que antecede a la capilla de Villaviciosa, con su correspondiente forma de herradura.

Pero fijémonos más detenidamente en la pintura que tenemos ante nosotros. Representa, en efecto, la aparición de San Rafael al Padre Andrés de las Roelas ®, origen de la secular y vivísima devoción que los cordobeses profesamos a San Rafael, nuestro Custodio. La historia es sabida: estan do enfermo el sacerdote, recibió del Cielo no sólo la salud, sino también la confirmación de la autenticidad de las reliquias de los Mártires, así como el Juramento de protección celeste por parte del Arcángel, desde entonces Custodio de la Ciudad. Es el instante que muestra el cuadro en su parte inferior©. En la mesa del presbítero, además de un crucifijo y otros objetos, aparece un libro que tiene por título mártires de Córdoba. En un papel sobre la mesa se lee el nombre del pintor.

En la zona superior, un rompimiento de gloria® nos permite ver a los santos mártires cordobeses en el Cielo, encabezados por San Eulogio, que nos observa ataviado con sotana y roquete. A sus pies, la mitra. Además, unos ángeles sostienen los atributos del santo Arcángel: el pez, una píxide y una filacteria con las palabras medicina Dei.

Llama la atención el hecho de que, entre la visión terrestre y la celeste, un rayo de luz, zigzagueando, baje del cielo e incida sobre un escudo que tres ángeles niños sostienen sobre la cartela con el texto del Juramento ®. Uno de ellos, que nos mira sonriente, se convierte en nexo de unión entre nosotros y la escena, mientras señala el Juramento. Silenciosamente, nos está expresando que la promesa de protección que San Rafael ha revelado, se hace extensiva también a nosotros, los cordobeses del siglo XXI que mantenemos viva la devoción a nuestro Santo Arcángel Custodio.
Catedral Cordoba

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