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Pasear

03 de Febrero de 2013
El Día de Córdoba

PASEAR por Córdoba, recorrer sus calles, sigue siendo ese placer, para los sentidos, tan difícil de calificar como de asimilar, ya que se trata de una avalancha de sensaciones, de colores, de olores. Y de sonidos, ya lo creo, esos sonidos que son un eco de la infancia, en multitud de ocasiones. Empleemos el verbo pasear, porque en Córdoba se pasea, no se anda. Andar es un verbo efectista, de transporte y locomoción, que implica la necesidad de un destino. Pasear, sin embargo, no alimenta un fin, es realmente un fin en sí mismo, un placer, un goce, especialmente cuando lo conjugamos con nuestra ciudad. Cada vez que puedo paseo por Córdoba, me encanta hacerlo, y se lo recomendaría a todos los visitantes que nos llegan a lo largo del año. Conocer la Córdoba monumental, por supuesto, sobre todo si es la primera vez. Siempre he envidiado a todas esas personas, en muchas ocasiones a mi lado -ejerciendo de Cicerone, o intentándolo- que se han sumergido, casi de improviso, en ese fastuoso y fabuloso bosque de columnas y arcos que es el interior de la Mezquita. Recuerdo los ojos alucinados de una amiga, no podía creer lo que contemplaba, todo eso que se le venía encima, cuánto habría agradecido sentir mil veces esa primera vez. No olvidemos esa Córdoba menos conocida. Pasear por primera vez por el Realejo, por Regina, por Montero o por Alfaros y de repente toparte con la Cuesta del Bailío para luego volverte a sorprender con el Cristo de los Faroles. Ponga el ejemplo que le resulte más convincente o emocionante, por suerte nos sobran, y hasta nos exceden.

Paseaba el otro día por Córdoba y pasaba junto a uno de esos patios que hasta no hace mucho fueron las "colmenas celianas" cordobesas, agitación de familias, vecinos y vidas, y que hoy son uno de nuestros mayores reclamos turísticos. Hoy son un Bien Material, bellos y luminosos, únicos, pero su inmensa mayoría ya no tienen su espíritu Inmaterial de otro tiempo. Lata y caña, tiesto y geranio. Llega tarde el reconocimiento, como casi todos los reconocimientos que se le conceden a Córdoba, o llega desactualizado, aunque tal vez sea lo mismo uno que otro, quién sabe. Muy pequeño, muy nene, que es más nuestro, recuerdo entrar en uno de esos patios y contemplar atónito cómo los mayores, los hombres y las mujeres aguardaban, con sus batas de la pañería, su turno para acceder al cuarto de baño, o para utilizar la pila junto al pozo. Porque siempre les ha tocado a ellas, a las mujeres, las hemos relegado, a esos trabajos, siempre no remunerados. De cualquier modo, nuestros Patios son puntos estratégicos en el atlas de nuestros paseos, de San Lorenzo a San Basilio, de las callejuelas de cal y azulillo a las grandes avenidas de esa nueva Córdoba que ya está comenzando a transitar por la edad adulta, tras contemplar que los cachorros de extrarradio crecen y construyen su propio cuerpo. Pasear, conjugar el verbo sin mirar el reloj, concentrado en la nueva sorpresa, que siempre llega en Córdoba, aunque la hayamos paseado en miles de ocasiones.

Esta misma semana he vuelto a redactar una de esas guías esenciales e íntimas, absolutamente personalistas, para un viajero que quiere conocer nuestra ciudad, por primera vez, en tres días. Qué poco tres días, un aperitivo. Le he especificado esos rincones que se deben visitar, donde tomar un "medio" de vino como está mandado, disfrutar de nuestros platos en su versión más genuina y tradicional, las mejores vistas. Es muy difícil el reto, ya lo creo, y estoy completamente seguro que ninguno de nosotros elaboraríamos guías semejantes. La verdad es que me ha costado trabajo el encargo, y eso que los primeros puntos cardinales te salen a bocajarro, pero conforme vas descendiendo comienzas a dejarte llevar más por la emoción, o el recuerdo, que por la realidad. Porque son nuestros rincones, nuestros sabores, nuestras imágenes, y seguro que sólo nosotros mismos los disfrutamos con la misma intensidad. En los próximos días espero reporte de mi trabajo, saber si acerté o no en la elaboración de la guía. Me encantaría que alguien volviera a sentir por primera vez esas emociones que yo les supongo al paseo planteado, qué envidia. Me encantaría que pudiéramos desarrollar una "amnesia" controlada y olvidar todo lo malo y repetir mil veces todo aquello que nos ha erizado la piel. Por primera vez. Eso les deseo a todos los que se acercan a nuestra ciudad por primera vez, y esa es mi gran envidia. Lo confieso.

Catedral Cordoba

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