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Sobre el arte bozantino de la Mezquita de Córdoba

21 de Enero de 2013
abc ImagenCON motivo del ofrecimiento del diario ABC Córdoba a sus lectores de una exclusiva vajilla de Santa Clara, realizada en porcelana de primera calidad y decorada con detalles florales, inspirados en la bellísima cúpula de la maqsura de la Mezquita-Catedral de Córdoba, conviene precisar algunos detalles del arte islámico y del que hay que entender por arte y cultura árabe.
Decía Juan Vernet Ginés refiriéndose a la cultura árabe: «Al emplear la palabra árabe no me refiero a ninguna etnia ni religión sino a la lengua utilizada por árabes, persas, turcos, judíos y españoles durante la Edad Media y que sirvió de vehículo para la transmisión de los más diversos saberes de la antigüedad -clásica u oriental- al mundo del Islam. Ree-laborados por éste e incrementados de modo decisivo con nuevas aportaciones -el álgebra y la trigonometría, por sólo citar un ejemplo-, pasaron a la cristiandad por medio de traducciones del árabe al latín y ál romance y dieron origen al majestuoso despliegue científico del Renacimiento
Pero no echemos las campanas al vuelo. La Catedral de Córdoba en la parte que conserva de mezquita aljama, por ejemplo el mirhab, sigue siendo un templo islámico, pues aprovecha cualquier resquicio para introducir el elemento religioso. Así aunque se utilizaron mosaicos bizantinos los alarifes eran musulmanes que introdujeron fajas epigráficas con suras del Corán. Por eso dice el cronista magrebí:
«En este año 354, yumadá II, mes de junio 965 DC, se terminó la cúpula (qubba) sobre el mirhab en el ensanche o ampliación de la mezquita.
Se comenzaron las incrustaciones del mosaico de la mezquita aljama. Fue el rey de los Rum quien envió el mosaico al jalifa al-Hakam. Al Hakam le había escrito al respecto a este asunto y le pidió que le enviara un artesano (sani’a) capaz, para la imitación de la obra que había hecho al-Wálid ben Abd al-Malik en la construcción de la mezquita de Damasco. Los enviados de al-Hakam trajeron consigo al artesano y trescientos veinte quintales de mosaico que el rey de los Rum enviaba como regalo. Y ordenó al-Ha-kam que se le diera albergue y tratara con generosidad y que junto a él trabajaran sus esclavos («mamálik»), para que aprendieran el arte de él. Trabajando con él, tales esclavos adquirieron gran pericia en este artesanado, que les llevó pronto a superar al maestro. Trabajaron luego solos cuando el artesano en mosaicos, de quien se podía prescindir en adelante, abandonó el país, recompensando por al-Hakam con magníficos regalos y ricos vestidos.
Artesanos vinieron de todas partes a trabajar a la construcción citada. Vino a caballo al-Hakam al-Mustansir bi-lláh en la segunda decena de Sha-wwál [9-19 de octubre], desde al-Zah-rá' a la mezquita, entrando en ella para examinar la ampliación y el estado de avance de las mismas. Hizo quitar las cuatro magníficas columnas («sawa-riya») sin par en el mundo, que constituían las jambas del antiguo mirhab, y las dejó aparte para volverlas a colocar luego cuando los trabajos en el mirhab nuevo estuvieran terminados».
Ibn ‘Idárí, al-Bayan al-Mugrib II, Leiden, 1951, páginas 237-8 del texto árabe.
No olvidemos que el propio testero del arco del mirhab estuvo cubierto por el retablo de la capilla de San Pedro desde el año 1368 y que dicho retablo no se desmontó hasta 1815 y que el mosaico por esta causa ofrecía grandes mutilaciones deficientemente reparadas por el organero Patricio Furriel.
Así, puede aseverarse que, de las dos fajas epigráficas que entran en la decoración del mismo, la horizontal situada sobre las alba-negas del arco está vir-tualmente intacta, mientras que, por el contrario, la que constituye el gran alfiz presenta tanto su principio como su final torpemente restaurados. Aquélla sólo contiene el versículo 23 de la Sura LIX, en tanto que la del alfiz aporta una inscripción propiciatoria para al-Hakam II, realizada a base de los versículos XXXII, 5 y XL, 67, a la que sigue un texto que conmemora la erección de la obra (tasyíd), que fue ordenado por al-Hakam al-Mustansir y efectuado bajo la dirección de su liberto y háyib Ya’far b. Abd al-Rahmán con la supervisión de los jefes de la Surta Muhammad b. Tamlij, Ahmad b. Nasr yjald b. Hásim y la del kátib Mutarrif b. Abd al-Rah-mán.
Así es que no conviene echar las campanas al vuelo pues estos maravillosos mosaicos, «fusayfisas» le llamaban los andalusíes, son de origen bizantino pero trabajados por artesanos andalusíes pero que eran musulmanes. Esta parte por tanto no es un templo bizantino. Es arte islámico pero andalusí.

ANTONIO ARJONA CASTRO es director del Instituto de Estudios Califales de la Real Academia de Córdoba
Catedral Cordoba

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