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Coches de punto

20 de Enero de 2013
Diario Córdoba ImagenEl amplio casco histórico cordobés ofrece algunos elementos que están a la vista de todos, pero que pasan desapercibidos para muchos. En numerosas ciudades uno de estos elementos ha desaparecido, pero en otras aún continúa ofreciendo su servicio, que se ha ido adaptando a las circunstancias de cada época y que envuelve de singularidad a las ciudades en donde encuentran un punto donde recoger los clientes. Son los coches de punto, los coches de caballo para los que desean contemplar la ciudad desde otra perspectiva.

Estos coches, en su inicio, cumplían la misión de taxis y su servicio se contrataba en el lugar donde se estaban estacionados, en ese punto en concreto, de ahí su nombre de coches de punto. Desde hace décadas, con la presencia de los vehículos de motor, dejaron de llevar personas y se dedicaron a enseñar la ciudad a' través de unos recorridos vedados a los automóviles, o que requieren un pausado paso, fronterizo entre la prisa de la ciudad y la quietud del enganche.

Su presencia da personalidad a las ciudades en las que están presentes, casi todas con un amplio casco histórico, y sus dueños conocen la urbe de manera íntima, pues son la continuidad de una larga saga de cocheros que han paseado por ella durante decenios, sabiendo de las calles, leyendas e historia desde una perspectiva distinta, desde la altura que le presta el pescante.

En Córdoba existen en la actúlidad unos 28 coches de punto en las paradas de Campo de los Santos Mártires y de la vecina calle Torrijos. Es una profesión eminentemente familiar y generalmente suele ser uno solo de los hijos el que accede a ella -el motivo es que suele haber una licencia en cada familia.

Han conocido mejores épocas, pero a pesar de ello hoy sigue habiendo coches de punto “porque no sabemos hacer otra cosa”, según confiesa un cochero veterano, Juan Cantón Alcántara, para quien, “ya no es rentable, pero nos hemos criado con esto y ' es lo que hemos visto siempre”. Pero siguen manteniendo el tipo, con el coche siempre limpio, al igual que los arreos y los caballos. Días altemos en la parada de punto, con sus enganches a la inglesa, la guarnición normal en estos coches, algunos nuevos y otros más antiguos, que suelen ser sociables, manólas o milords, aunque también presta servicio una canastilla. Suelen ser limoneras o troncos, tirados por uno o dos caballos, españoles o cruzados. Caballos que los mismos cocheros doman y , si sirven, enganchan. Lo hacen los días en que descansan, pues necesitan como mínimo un caballo de reserva por las posibles incidencias o lesiones que puedan padecer.

Aunque parezca que estos coches de punto o plaza forman parte de una imagen pasada, los tiempos también han cambiado. Si antes eran los turistas extranjeros los principales clientes, hoy la mayoría de ellos solo se acercan para acariciar a los caballos y hacerse fotos. Son precisamente los turistas españoles y los cordobeses, “principalmente los que vienen de los pueblos” de la provincia, comenta Antonio Castejón Álvarez, un joven cochero, mientras pasa un trapo para limpiar los faroles de su sociable. Y también ha cambiado el recorrido, lo que recuerdan con nostalgia Castejón y Cantón. Antes era más largo y tenía el encanto de que en una hora se podía ver el casco antiguo de Córdoba “de seguido”, como indica otro cochero, Manuel Carrillo, en el punto fijo de parada de la calle Torrijos.

Ahora tienen otros enemigos que le ponen dificultad a los trayectos turísticos: las nuevas direcciones de tráfico de las calles y las pilonas, que han dividido el trayecto en dos. A esto se suma la Semana Santa, en la que Castejón, Cantón y Carrillo responden con una sola voz: “es mejor no trabajar”, pues los recorridos procesionales motivan que por la tarde no puedan ofertar paseos a los clientes.

Pero no todo son paseos convencionales. Algunos clientes les piden trayectos distintos a los habituales, otros paseos por la noche y también servicios especiales en los que pueden emplear otros coches distintos, con otros tipos de guarniciones y enganches diferentes. Antonio Castejón ha llevado en su coche a la Reina Sofía y a las Infantas “en el servicio general que ofrecemos”, y a Finito de Córdoba y Arantxa de Sol el día de su boda, a José Luis Moreno y a Blanca Fernández Ochoa, entre otros famosos, algo habitual entre estos profesionales del pescante que actúan también de cicerones.

Hoy estos cocheros de punto o plaza continúan mostrando la ciudad desde otra perspectiva, pues desde el coche “se visea de otra manera”, a turistas agrade cidos que “suelen felicitarnos después del paseo, pues quedan muy contentos”, comenta Cantón, quien añora que “antes, con el recorrido antiguo, que era tan bonito, cuando se bajaban nos invitaban a café”, pero disciplinados y profesionales “permanecíamos en nuestros sitios”.
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