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El fanatismo religioso, Al-Andalus y la cultura andalusí

29 de Octubre de 2012
abc cordoba ImagenA raíz de las alusiones que los seguidores de al-Qaeda ha hecho sobre al-Andalus conviene hacer algunas reflexiones en voz alta, sobre el significado de al-Andalus y de la cultura andalusí, y de lo que significa para nosotros la cultura y la religión.
Soy un admirador y estudioso de la cultura hispanoárabe, es decir la cultura andalusí. Digamos, en primer lugar, que este término último fue puesto en circulación por Ramón Menéndez Pidal en 1951. El maestro, recurrió a él para hablar de los cantos que aparecían en las moaxajas hebreas y árabes. Esto es: en el momento de su invención, andalusí definía a unos poemitas escritos en dialecto romance (llamado también mozárabe), es decir latino y no semítico. Es, pues, que el término andalusí se refiere a los habitantes de Al-Andalus. Nunca se refirió a Andalucía sino a la España musulmana (al-Andalus ) desde Lérida a Lisboa y desde Madrid a Almería.
Hubo una cultura tartésica de la que sabemos poco, y luego, convertida el área tartésica en la Bética romana, se integró en la cultura romana y cristiana.
No hubo continuidad humana entre aquellos hispano-romanos y los andaluces de hoy, aunque sí una continuidad de habitat geográfico.
Ahora bien, estos elementos de la cultura hispano-romana, se integraron en la actual cultura andaluza moderna, dando un rodeo en virtud de la conquista y castellanización de Andalucía Occidental en el siglo XIII y de la Oriental en los siglos XV-XVI. El idioma no era el mismo, aunque sí era un derivado del latín, lo mismo que el catalán, gallego-portugués, leonés, etc.
En el siglo VIII cuando se produce la invasión árabe-bereber, la cultura hispano-romana, latina, tuvo que competir con la cultura árabe, que a partir del siglo IX conllevaría la cultura grecohelenística y oriental arabizada e islamizaba.
Aquella cultura, llamada andalusí, que brilló gracias a las aportaciones de todos los hispanos bien fueran musulmanes, judíos o cristianos, terminaría por desaparecer del solar andaluz en el siglo XIII en su parte occidental, después de la conquista castellana-leonesa por emigración de la población musulmana al Norte de Africa y reino de Granada. Dos siglos más tarde, también desaparecería de la Andalucía oriental, tras la conquista del reino de Granada por los Reyes Católicos.
Podemos decir con Antonio Domínguez Ortiz, que por patriotismo territorial, debemos los andaluces y el resto de los españoles también sentirnos orgullosos de esa cultura andalusí, que produjo historiadores, filósofos y poetas, y en la que tuvieron un papel destacado los hispanos, que vivían en el territorio de la actual Andalucía, y en otras regiones de España, en la que se combinaron elementos islámicos, judíos y cristianos (mozárabes).
Podemos sentirnos orgullosos de aquellos andalusíes cuya brillante civilización tanto influyó en el florecimiento renacentista europeo, aunque su sangre (genes) solo a cuentagotas corra por nuestras venas.
Opino con Antonio Domínguez Ortiz que el que asumamos como nuestra la cultura romana y andalusí no quiere decir tengamos que practicar bien el paganismo de los romanos ni convertimos al Islam. «El acercamiento de Andalucía a los pueblos islámicos no puede conducirse, como algunos grupúsculos sueñan, por los senderos utópicos de una imposible reislamización. La historia, termina diciendo Antonio Domínguez Ortizes vehículo sin marcha atrás». «Si es posible, y lo estamos presenciando, la convivencia con una comunidad islámica que practique el culto en medio del respeto mutuo».
En Europa hace años que hemos aprendido a separar la religión de la cultura A los fanáticos religiosos, bien sean musulmanes, hebreos, budistas o de otras sectas religiosas, debemos recordarles que si lo europeos nos libramos hace siglos de la Inquisición no vamos a retroceder para ser uncidos de nuevo a otro yugo religioso en nombre de «un Dios», cualquiera que sea su nombre. La religión sJ queda en la parcela intima de núes0 tras conciencias.
Recuerdo a los buenos musulmanes lo que escribía un musulmán, el ilustre filosofo murciano lbn Al Arabí (1165), a quién yo considero santo: «Hubo un tiempo en que yo rechazaba a mi prójimo si su religión no era como la mía... Ahora profeso la religión del amor. El amor es mi credo y mi fe».
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