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La Mezquita: réplica a un historiador

07 de Agosto de 2012
Diario Córdoba ImagenAl regresar de unas cortas vacaciones familiares, encuentro apilados sobre mi mesa, esperando mi lectura atemporal y tardía, pero siempre satisfactoria, los ejemplares de este diario correspondientes a mi ausencia. Al repasar el primero (27 de julio) encuentro que Luís Recio, titulado historiador, arremete contra mí y mi artículo del día 21 (Medina Azahara y la Mezquita ) con el ardor y el galope de un anacrónico cruzado del siglo XXI. Empieza por tildar mi artículo de ofensivo; si el lector repasa mi artículo refutado en la hemeroteca o en mi página Web, en seguida comprobará que en mi escrito no hay ofensa alguna y mucho menos muestras de intención de ofender a nada ni a nadie.

En un lugar de su artículo Recio pide cariño y ofrece refutaciones históricas y científicas. De lo primero, que reciba todo el que pueda; en cuanto a lo segundo lo que se anuncia como científico e histórico no es más que un encadenamiento de sofismas, suposiciones y juegos de palabras, que desde luego decepcionan al que busque rigor, pues el de Recio más que artículo científico parece sermón de quien posiblemente está obsesionado con el escenario en que desde hace treinta y cinco años ejerce su trabajo como guía de turistas, hasta el punto de que ni siquiera de forma retrospectiva y puramente teórica puede admitir que las cosas pudieron hacerse en el pasado de forma diferente y posiblemente con mayor acierto.

Está claro que le molesta especialmente la frase que se supone que Carlos V pronunció respecto a la incrustación de la Catedral renacentista en la Mezquita: "habéis destruido lo que era único en el mundo, y habéis puesto en su lugar lo que se puede ver en todas partes". Recio utiliza fundamentalmente dos argumentos para negar su autenticidad: uno, la catolicidad del Rey, y otro que aun con veintiséis años no sabía hablar castellano.

Con todos mis respetos al señor Recio: se trata de dos argumentos pueriles.

Quienes hemos visitado el Monasterio de Yuste sabemos que Carlos V, que desde luego fue muy católico, probablemente por su propia forma de ser y por la ayuda de algún confesor severo, vivió sus últimos días y murió inmerso en una gran depresión rezumante de catolicidad: mandó cubrir las paredes de sus habitaciones de terciopelos negros y que le enterraran bajo el altar, pero con la mitad inferior del cuerpo --por do más pecado había-- fuera de él. Un gran católico, que duda cabe.

Pero tampoco cabe duda de que eran católicos los muchísimos cordobeses que optaban en el siglo XVI por la conservación íntegra de la Mezquita, --que nadie habría destruido en los siglos siguientes--, y por la construcción de la catedral renacentista en otro lugar, donde no fuera preciso destruir parte del monumento árabe. Núcleo tan abundante y con tanto peso como el de los que como Recio pensaban que había que hacer una bendita transformación . ¿Se niega la igualdad de fuerzas y la necesidad del dictamen real para deshacer el empate?

El segundo argumento o conclusión provoca la sonrisa: Carlos V no pudo decir la frase famosa porque a los veintiséis años aún no hablaba español. O sea, que reinaba en silencio, sin comunicarse con nadie, que no estaba rodeado mientras los necesitó de traductores e intérpretes. No se trata de conocer si dijo la frase en flamenco o que otro idioma, si no fue el castellano.

Es más, si se me apura, no se trata de averiguar si Carlos V la pronunció o no --la negativa es una probatio diabólica-- porque a fin de cuentas, de la mayoría de frases famosas atribuidas a grandes personajes puede ponerse en duda su autenticidad. Las frases reinan a través de los siglos, como la que estamos comentando, más que por la autoridad de quien la dice, por la autoridad de lo dicho, del valor y del acierto que la frase lleva en sí. Por eso la frase de Carlos V pervivirá por lo siglos: ¡porque es una verdad como un templo!

Negar los hechos y hacer afirmaciones en el vacío no conduce a nada. Y es un hecho irrefutable que la construcción de la Catedral fue precedida de una importante aunque parcial destrucción de la Mezquita, la más grande destrucción que ha sufrido el monumento árabe desde el siglo VIII, a manos de quienes se dicen sus salvadores. Si los herederos de quienes condenaban a muerte al sabio que sostenía que la tierra gira alrededor del sol se contentan con llamar bendita transformación a lo que sin duda fue una deplorable destrucción, pues paciencia y barajar. Toleramos bien la substitución de ideas y juicios por juegos de palabras. Al fin y al cabo ya empezaron a acostumbrarnos a esos juegos en nuestra infancia.
Catedral Cordoba

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