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La catedral, antiguo mezquita

27 de Julio de 2012
Diario Córdoba ImagenNo hace mucho tiempo, la editorial Edilux de Granada presentó y publicó un libro: La mezquita-Catedral de Córdoba, Patrimonio de la Humanidad , cuya segunda parte es el título de este artículo. Sus autores, Nieto Cumplido, Manuel y servidor y esto viene a cuento porque se ha publicado recientemente en nuestro Diario CORDOBA otro artículo firmado por el abogado y escritor Rafael Mir Jordano con el título Medina Azahara y la Mezquita . Escrito este ofensivo, ya que se califica de "estúpido" a todo aquél que crea que la Mezquita omeya se conserva gracias las transformaciones, que no destrucciones, que se hicieron con Fernando III, los Reyes Católicos y Carlos I, rey o IV emperador de sacro imperio germánico.

Transformaciones, sí, que no destrucciones, gracias a Dios, que nada tuvieron que ver, afortunadamente, con las destrucciones que se hacían en la época (siglos XIV, XV, XVI) con el arte azteca en Méjico, con el Inca en el Perú o con el propio sevillano (mezquita almohade) del siglo XII (solo queda su Giralda) donde se construyó una catedral gótica, magnífica, no cabe duda, que no deja de ser una más, de entre las muchas existentes en Europa.

Por tanto, ¡bendita transformación, que no destrucción, y bendita "estupidez"! que nos permite pensar igualmente que la palatina de Medina-Azahara se perdió por el fanatismo islámico-chiíta y bereber (que no "berberisco"), durante el siglo XII en plena fitna y que en esos momentos la cristiandad no pudo hacer nada.

Sí estoy de acuerdo en afirmar, no obstante, que: "Es más fácil dejarse llevar por la corriente, repetir y asumir el tópico, que reflexionar, estudiar y llegar a conseguir disponer de criterio propio, próximo a la certeza objetiva". Por todo esto es por lo que ruego a mis asiduos lectores lean con cariño las conclusiones siguientes que refutan histórica y científicamente la falacia creada desde el siglo XVIII por Juan Gómez Bravo en su Catálogo de los obispos de Córdoba... " sobre la manida frase inventada por él mismo y nunca pronunciada por nuestro emperador, tal como demuestro a continuación; fruto de una mala interpretación que Gómez Bravo hizo de una carta manuscrita de J. B. Alderete enviada a Felipe IV (siglo VII) en la que se citaba que su abuelo (Felipe II) y su bisabuelo (Carlos V) en los años 1570 y 1526 habían visitado la mezquita y su crucero en obras. Corrigiendo por ello al señor Mir Jordano, quien confunde a J. B. Alderete por Gómez Bravo, le invito ahora a reflexionar sobre mis "Conclusiones".

En la madrugada del 11 de marzo de 1526 se celebró la boda del emperador con Isabel de Portugal en los Reales Alcázares de Sevilla, ceremonia oficiada por el cardenal Salviati, legado del Papa Clemente VII; sabemos igualmente que los monarcas estaban interesados en su viaje hacia Granada pasando por Córdoba. Sin embargo, como primera conclusión, hemos de asegurar que era conocer, en primer lugar, la provincia, en esta se encontraba la población de La Rambla que tanto le había ayudado en sus primeros momentos de turbulencia política.

Segunda conclusión: estamos seguros de que el emperador no tenía ningún interés en visitar monumento alguno que hubiera pertenecido a los "infieles". Y a pesar de que realizara todos los viajes, como tercera conclusión, no es admisible que pronunciara la frase que inventó Gómez Bravo, ya que es bien sabido que aun teniendo 26 años, seguía sin hablar prácticamente nada de español tal como le habían exigido las comunidades al principio de su mandato real.

La cuarta conclusión por la que se refuta la supuesta frase está en la propia historia del emperador: ¿como un monarca católico en lucha contínua con el islam turco que conocía la transformación de Santa Sofía en Mezquita, (año 1453) iba a arrepentirse de la transformación de la Mezquita del "infiel" al símbolo católico? Era además un respuesta temprana de la Contrarreforma anticipándose así al Concilio de Trento en sus tesis frente a los protestantes iconoclastas. Resulta a todas luces incomprensible e incongruente. Y en medio de esta polémica las obras del crucero se prolongaron durante todo un siglo. A este respecto ha de señalarse que tanto Gómez Bravo y el propio Nieto Cumplido hacen hincapié en el obispo Leopoldo de Austria, tío del emperador, quien en la historia de la Catedral tuvo un papel tan relevante o más que el propio Alonso Manrique, razón por la que fue enterrado en la vía sacra del crucero.

La quinta conclusión que soporta nuestra tesis está en el estudio antropológico del propio emperador. De él sabemos que fue un católico que oía misa diaria, dedicando una hora cada mañana a la meditación religiosa. La poesía de los salmos impresionaba su imaginación y conmovía su alma. La magnificencia de las ceremonias monásticas, la música unida a la oración y la belleza de las artes realzando la austeridad y el dogma, le servían para perseverar en su fe y preservar a sus reinos de la herejía protestante. Todo ello nos lo explica M. Ríos Macarelle en su obra Carlos V Emperador (Vidas Privadas) . Por tanto, ¿cómo iba a renegar el emperador de su propia obra?

También sabemos que el monje anónimo de Yuste, quien como último de sus amigos, escribe: "Fue el emperador don Carlos, nuestro señor, una de las personas más devotas del Santísimo sacramento de su tiempo, y aun por ventura ninguna más que él. Lo cual se vio en los actos que hizo en su servicio. Todos los jueves del año, como queda dicho, celebraba la fiesta del Corpus Christi. Era de grandísimo regalo y gustaba de recibir siempre al Señor. Y así, con haber comulgado en día antes que recibiese la extremaunción, quiso comulgar otra vez, después de haberla recibido, antes que expirase...".

Esta es la sexta y última conclusión: nunca un verdadero católico renegaría de Cristo oponiéndose a la construcción de nuestra catedral, verdadera salvadora del primer monumento árabe de al-Andalus.
Catedral Cordoba

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