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Córdoba y su cronista oficial

14 de Julio de 2012
Diario Córdoba ImagenHasta donde la información edilicia del cronista, éste no tiene noticia de que su homólogo en el Ayuntamiento cordobés haya sido aún nombrado tras el largo interregno trascurrido desde la muerte de D. Miguel Salcedo Hierro, personalidad digna de toda suerte de encomio por amor inagotable a su ciudad y la competencia con la que ejerciera su oficio. Para proseguir su admirable labor cuenta hoy, por gran fortuna, la vida intelectual de nuestra urbe con un rico elenco de estudiosos, todos dignos y capaces de cumplir con sobrado decoro tan alta misión. Nomina sunt odiosa , acertaban, como siempre los clásicos al decirlo. Incluso en un terreno tan propicio al legítimo y sano orgullo, adentrarse aquí, sin ninguna autoridad especial del lado del articulista, a barajar investigadores y autores para responsabilizarse de las funciones mencionadas, es una temeridad, y, por ende, ocasionada al error indeseado o la censura justificada. Ni siquiera la buena voluntad puesta en estos renglones dispensará, probablemente, de suredacción...
Pero, colocados ya ante el envite, el abajo firmante opina que el Dr. D. Antonio Arjona Castro es un historiador que, llegado el caso, revalidaría en el desempeño de cronista de la antigua capital del Califato los logros aquistados reiteradamente en sus tareas reconstructoras de capítulos esenciales de la Andalucía y la Córdoba musulmanas, no sólo en la parcela de su especialidad galénica, sino igualmente en varios otros aspectos de la ciencia y la vida de aquella época, por él conocida de manera envidiable. Su dominio de la lengua árabe, su actualización bibliográfica, su singular intuición y, de modo particular, su acezante pasión por todo lo concerniente al pasado de su tierra --capital y provincia, con detenimiento especial en su Zuheros natal...-- lo hacen particularmente idóneo para llevar a buen término la difícil tarea entrañada por la función referida. En posesión de una larga y consistente serie de títulos de primer orden acerca de periodos muy contrastados del ayer próximo y remoto cordobés e, incluso, con algún notable bests sellers que otro, no se ofrece, sin duda, demasiado aventurado imaginar que, como cronista de nuestra ciudad, la cultura cordobesa tendría en él un actor de sobresaliente magnitud. No se distingue la España hodierna por la selección de sus cuadros y estamentos directivos. La opinión pública ve en ello, según se sabe, encuesta tras encuesta, uno de los motivos fundamentales de la salud moral y política no muy roborantes del momento presente. Su acuerdo en tal punto con los intérpretes más lúcidos y cualificados de la identidad nacional, es completo. El más egregio de entre ellos en la edad contemporánea, D. Ramón Menéndez Pidal, atribuyó reiteradamente a la "invidencia" hispana la razón última de nuestros fracasos colectivos. Y, seguramente, una de las consecuencias inexorables, al tiempo que más importante, que extraerán las generaciones del inmediato porvenir de la crisis que nos remece, será la de la conciencia alertada en designar para los menesteres más relevantes de la comunidad a las mujeres y hombres verdaderamente aptos para su útil desenvolvimiento.
Mientras tanto, ojalá que los encargados de tal quehacer no se retrasen ya más en nombrar cronista de Córdoba a la persona que crean con mayor número de cualidades para su cometido. En el supuesto de que fuese el Dr. Arjona Castro, el deseo más ferviente de un trabajo fecundo.
Catedral Cordoba

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