Jueves,09 de Julio de 2020
Imagen de Mis favoritos
Imagen del Mapa del sitio
Imagen de contacto
Icono del RSS

El ahijado de José Cruz-Conde que clausuró La feria de los discretos

08 de Julio de 2012
el Dia de Córdoba ImagenAbril de 1910 fue lluvioso y gris. Un viento frío recogía los últimos estertores del invierno al que sucumbieron escritores como Teodomiro Ramírez de Arellano o Enrique Redel, cronistas de una Córdoba todavía anclada en La feria de los discretos que Baroja describió cinco años antes. El programa de la Feria de la Salud anunciaba un primer espectáculo de aviación y nacían, entre otros, Martínez Cerrillo, López-Obrero o Rodríguez Luna.
En el ámbito político, el que llegaría a ser el alcalde más innovador del urbanismo, José Cruz-Conde Fustegueras, regresaba de las kábilas con un impecable expediente. El antecedente era su tío Tomás Conde y Luque, que atisbó el camino entre La Corredera y Las Tendillas, los jardines de la Victoria y la Merced, y fue la primera víctima del ferrocarril a su paso por las Margaritas a finales del XIX. Una hermana de Tomás, María, uniría en sus hijos los apellidos Cruz y Conde que llevaron José y Rafael. En aquel año de 1910 José era capitán de Artillería en Sevilla y su hermano Rafael gestionaba la bodega familiar, que hiciera célebre Julio Romero, en la avenida de Cervantes. Allí estaba la casa construida por el padre de Ortega y Gasset donde tal vez sintiera el filósofo a Séneca, Ibn Hazm o Góngora, tan presentes en él. En ese chalet, que luego adquirió Manolete y disfrutó Angustias, nació, posiblemente, Antonio Cruz-Conde y Conde. La madre, Ángela Conde Marín, daría a Rafael Cruz-Conde Fustegueras seis hijos más: Alfonso (el mayor de todos), Ángela, Carmen, María, Mercedes y Soledad.
Antonio Cruz-Conde estudió con los jesuitas de El Palo malagueño el Bachiller Superior y se trasladó a Granada y Sevilla, donde cursó Derecho hasta los 23 años, en que el negocio familiar aconsejó su presencia en Córdoba. Aquí le sorprendió el verano del 36 y los tristes sucesos protagonizados por don Bruno, según recoge en un fragmento de su diario ya reproducido en estas páginas. En él describe cómo su padre se enfrentó públicamente al Jefe de Orden Público, denunciándolo reiteradamente a Cascajo y Queipo hasta lograr su destitución; el hecho fue ratificado en 1978 por la carta anónima de un cordobés que perdió la guerra. Pasada ya ésta y en el verano de 1942, cuando Manolete adquirió la casa, la familia se trasladó al palacete de Torres Cabrera, tras comprárselo a los Meléndez-Valdés. Un año más tarde, Antonio se casó con una joven 14 años menor que él: Guadalupe Suárez de Tangil y Guzmán, hija del conde de Vallellano y de Concepción Guzmán O´Farrel. Se instalaron en la casa familiar, en donde nacieron Rafael (recientemente fallecido), José, Guadalupe, Fernando, Alfonso y Antonio.
Su llegada a la alcaldía y los logros que alcanza Córdoba durante este mandato los recoge, con la rigurosidad que le caracteriza, el maestro de periodistas Solano Márquez en La Córdoba de Antonio Cruz Conde (Almuzara, 2007). Se convirtió en primer edil con 41 años en 1951, sucediendo a su hermano Alfonso, artífice, entre otras, de la calleja de Las Flores, de 14 kilómetros de alcantarillado, de la mejora del abastecimiento de agua o la demolición de las chozas de la Huerta Cardosa, Doña Berenguela o el Zumbacón. Alfonso marchó como gobernador civil a Cádiz el 30 de octubre de 1951; Joaquín Gisbert Luna le sucedió y el 19 de noviembre de ese año tomó posesión Antonio. Su padre político, el conde de Vallellano, ostentaba la cartera de Obras Públicas, lo que facilitó sus gestiones por Córdoba en Madrid.
El atractivo turístico de Córdoba ya había sido descubierto por los pintores románticos, la Comisión Pro-Monumentos de Romero Barros y por las guías de los años 20; pero sería Antonio Cruz-Conde quien trabajaría incesantemente por su recuperación. Cambió la estética de la Torre de la Calahorra y la Malmuerta; embelleció el Alcázar y su barrio, Capuchinos o la Hoguera y abrió la deliciosa calleja de La Luna hacia Fleming. Pero su inabarcable gestión también previó la infraestructura de la que Córdoba carecía e inauguró el Córdoba Palace y el Parador de la Arruzafa, mientras arropaba a las peñas y activaba la vida cofrade que incorporó su recorrido por la Judería. Con él la basura pasó del carro a la camioneta, las calles comenzaron a baldearse y siguieron desapareciendo chabolas; se iniciaron los vuelos en 1958, se inauguró el Museo Taurino y el monumento a Manolete, se potenciaron las fiestas populares y nació, al amparo de Ricardo Molina, el Festival del Cante Jondo en 1956, la fecha en la que se institucionalizó el Festival de los Patios. Todo ello sin olvidar el abastecimiento desde el Guadalmellato, la barrera entre el Guadalquivir y el Campo de la Verdad o la inauguración del Zoco y el Parque Cruz Conde. Los "tacones" de las calles de Córdoba se fueron arreglando y la guasa del pueblo llano lo bautizó como el "alcalde zapatero". Tanta actividad, dice Solano Márquez, le "pasó factura". En 1954, tras bajas intermitentes en las que gestionó desde su domicilio la política municipal, fue operado de una úlcera de estómago por Enrique Luque en La Purísima. La otra cara fue el nombramiento en junio de 1959 por la Academia de San Fernando como académico correspondiente en Córdoba, o la Medalla de Oro de su ciudad en 1962, cuando lo sustituyó Antonio Guzmán Reina, pasando a presidir la Diputación.
Murió el 5 de diciembre de 2003 y Córdoba lo despidió en la parroquia de San Miguel.
Catedral Cordoba

Patrocinadores

Patrocinadores

W3C W3C W3C Ayuntamiento de Córdoba Capital Europea de la Cultura 2016 Turismo de Córdoba