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Cuidemos la fachada monumental

22 de Marzo de 2012
Francisco Solano Márquez ImagenDel largo centenar de monumentos que Córdoba acumula, media docena de los principales se concentra en la fachada monumental de la ciudad; esa que se despliega ante los asombrados ojos del viajero que los contemple desde la orilla izquierda del río, pongamos la avenida ahora dedicada al obispo Fray Albino, a saber: torre de la Calahorra, Puente Romano, Puerta del Puente, antigua Mezquita hoy Catedral, Palacio Episcopal, Triunfo de San Rafael y Alcázar de los Reyes Cristianos.

Durante siglos fue ese el rostro monumental de Córdoba por excelencia, antes de que a mediados del siglo XIX la llegada del ferrocarril imantase el desarrollo urbanístico hacia el norte y la ciudad comenzara a volver la espalda al río.

La más antigua imagen conservada de ese conjunto señero la dibujó el artista flamenco Anton Van den Wyngaerde en 1567 por encargo de Felipe II, monarca que residió en la ciudad durante dos meses en 1570. Por la misma época Joris Hoefnagel plasmó otra panorámica similar en un grabado calcográfico, que en 1572 ilustraría la magna obra Civitatis Orbis Terrarum y que hasta el siglo XVIII inspiró a numerosos artistas, entre ellos Juan Fernando Palomino, ilustrador de El Atlante Español .

A lo largo del siglo XIX insistieron en la misma instantánea monumental al menos una decena de renombrados artistas viajeros, entre ellos David Roberts, Chapuy y José Francisco Parcerisa, que en el tomo octavo de Recuerdos y bellezas de España de Pedro de Madrazo (1855) nos dejó la que es sin duda la mejor colección de litografías sobre monumentos cordobeses. (El lector interesado en el asunto debe consultar el impagable libro del profesor Francisco Cosano Moyano Iconografía de Córdoba , publicado por Cajasur en 1999). Más tarde, con la invención y desarrollo de la fotografía tomaron el relevo postaleros como Señán y Garzón, que insistieron en perpetuar ese conjunto monumental.

Todavía hoy, la hermosa vista constituye la imagen más socorrida para ilustrar cualquier reclamo turístico sobre Córdoba o incluso la presentación de candidaturas políticas, como si pretendiesen demostrar así su arraigo cordobés. Hace pocos años, en una jugosa entrevista firmada en estas páginas por Rosa Luque, el arquitecto Rafael de la Hoz Castanys definió ese conjunto como "una de las tarjetas postales más poderosas del mundo".

Pues bien, ese sublime rostro monumental de Córdoba, bañado por el Guadalquivir, lo ha ido ocultando paulatinamente, especialmente desde los años ochenta, la vegetación incontrolada que crece en los sotos e islillas del río, principalmente en el tramo comprendido entre los puentes Romano y San Rafael, los llamados Sotos de la Albolafia, un monumento natural protegido por ser parada, fonda y dormidero de aves --más de un centenar de especies distintas a lo largo del año, según han contabilizado los biólogos--, cuyas disciplinadas bandadas protagonizan bellos espectáculos durante los amaneceres y atardeceres. Delante del hotel Hesperia he visto a grupos de turistas extranjeros alucinados por semejante espectáculo natural, insólito en pleno casco urbano.

En una interesante conferencia sobre su intervención en el entorno monumental del Puente Romano, pronunciada en junio de 2010 en la antigua ermita de la Candelaria, el arquitecto Juan Cuenca se mostró crítico con esa vegetación invasora, que conviene cuidar, dijo, "para guardar el equilibrio entre el patrimonio natural y el monumental", como tengo anotado en la libretilla que me suele acompañar. Y tiene razón el arquitecto; no hay más que comparar la panorámica actual, acosada por la vegetación, con la despejada vista que de la zona proporcionaban las postales hasta mediados del siglo pasado.

Pues bien, como si hubiese prestado oídos a la recomendación del arquitecto, la Consejería de Medio Ambiente ha anunciado para esta primavera la restauración, por fin, de los Sotos de la Albolafia, trabajo consistente en la eliminación de especies exóticas de árboles y arbustos, el manejo silvícola de las especies autóctonas mediante claras y podas, la eliminación del follaje que hoy oculta y ahoga la noria de la Albolafia y los molinos de Enmedio y de Téllez, la repoblación de la margen izquierda y la creación de cuadrillas de limpieza que mantengan el monumento natural en un estado presentable. Bienvenida sea la iniciativa, que ojalá acierte a armonizar el equilibrio entre la vegetación y las piedras centenarias sin que los ecologistas pongan el grito en el cielo.
Catedral Cordoba

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