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El cordobés artífice de la primera antología poética en castellano

20 de Noviembre de 2011

El reino nazarí, con Elvira como insignia, seguía alzándose en la memoria colectiva de los andalusíes; símbolo del esplendor próximo a extinguirse. Atrás habían quedado las Batallas de Alarcos (1195), Navas de Tolosa (1212) y la del Salado (1340), esta última librada contra los benimerines con el éxito de las tropas cristianas. Al frente iba el rey Alfonso XI de Castilla, biznieto de Alfonso X el Sabio, e hijo de Fernando IV el Emplazado, cuyo sarcófago en mármol rojo, junto al de Alfonso XI, alberga sus restos desde 1736 en la Real Colegiata de San Hipólito de Córdoba, cumpliendo sus deseos.
De Alfonso XI y su prima María de Portugal, había nacido el último rey de Castilla de la Casa de Borgoña, Pedro I el Cruel o el Justiciero, según el posicionamiento histórico que se adopte. En 1369 acababa de morir a manos de su hermano, el conde Enrique (hijo también de Alfonso XI, pero habido fuera del matrimonio con Leonor de Guzmán); sería a la postre Enrique II de Castilla el Fraticida, iniciador de la Casa de Trastámara y fallecido en 1379. Aélle sucedió en el trono Juan I de Castilla desde 1379 a 1390 y a éste Enrique III entre 1390 y 1406, padre del rey Juan II de Castilla y León desde 1406 a 1454, que fuera a su vez progenitor de la reina Isabel la Católica.
Aunque pocos datos biográficos se poseen de él, Juan Alfonso de Baena nació en este marco histórico, marcado por la dinastía de los Trastámara. Se tiene a Baena por su cuna, si bien referencias apuntadas por el Doctor en Historia Medieval de la Complutense de Madrid, Óscar Perea Rodríguez, este personaje también cita a ciudades como Marchena y Osuna cuando habla de él autobiográficamente. En todo caso debió acontecer su venida al mundo, cita el profesor, en torno a 1370; y Marcelino Menéndez Pelayo no duda en atribuirle la condición de judío converso y perteneciente a un estrato social humilde. Nada extraño pues que fuese de Baena, teniendo en cuenta la floreciente e importante comunidad judía que allí vivía en la época.
Sabemos igualmente que contrajo matrimonio con Elvira Fernández de Cárdenas, enlace que le reportó a Juan Alfonso una importante suma, a la par que sus negocios comenzaron a aliviar su economía. Hombre culto -fue escribano de Enrique III desde 1402-, su vida se desarrolla prácticamente dentro de Andalucía. Se tiene constancia de su vecindad sevillana unos años después de esa fecha, así como, siendo ya escribano de Juan II, de su vinculación al cordobés barrio de San Salvador hacia 1416. Un año más tarde estuvo en el monasterio de San Jerónimo con el fin de confeccionar unas copias de libros para el Rey.
Llamado por Dutton y González Cuenca hombre de los Trastámara,
varez de Villasandino (Álvarez de Illescas) el más representado, hasta el extremo de haber eclipsado durante largo tiempo el propio Cancionero de Baena al ser conocido éste como el Cancionero de Villasandino.
Se echan de menos, no obstante, los versos del Marqués de Santillana y de otros contemporáneos a éste, motivo por el cual algunos expertos han creído ver las clásicas enemistades e incluso enfrentamientos propios de los poetas (recuérdese a Quevedo y Góngora). Esta tesis está avalada por el hecho de que Juan Alfonso de Baena también es silenciado por íñigo López de Mendoza en su Carta e proemio. Empero son más, entre ellos Viceng Beltrán, quienes ven en la ausencia del Marqués en la obra del de Baena, la vertiente historicista del Cancionero que el mismo autor declara al decir: “las cosas de los grandes fechos e de las notables fazañas pasadas de los tiempos antiguos”, que pretendía rescatar del pasado y legar al futuro. Por esta característica y este intento de retratar la historia a través de la literatura, ha llamado la atención de" los estudiosos del género, muchos de los cuales, como el profesor Perea Rodríguez, lo consideran un documento historiográfico de primer orden que debería “ser tenido en cuenta por aquellos más preocupados de lo puramente textual, los filólogos, y también para quienes los contextos históricos que rodean a los poemas representan su máxima importancia, los historiadores”. Así pues, con los matices propios de la literatura medievalista, escrita para loa de los mecenas, el Cancionero de Baena sobrepasa Jas lindes de lo puramente literario para entrar triunfante en los manuales de Historia, gracias a este cordobés nacido en Baena del que se sabe murió antes de 1435, poco después de entregar su obra al rey Juan II de Castilla y León.

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