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El viejo de la montaña

18 de Octubre de 2011
José Ignacio Cubero

ImagenALLÁ por los siglos XI y XII, la cosa estaba bien revuelta en todas partes, y no sólo aquí con taifas, almorávides, almohades y cristianos en plan de todos contra todos. En la otra parte del Mediterráneo el asunto estaba peor si cabe: ardía en todos los sentidos, religioso, político y militar, todo en uno, no había separación de poderes, eso suena a familiar en la España de hoy.

Los suníes y los chiíes se tiraban los trastos (lo siguen haciendo) y los cruzados ponían su granito de arena. Una rama de los chiíes era la de los ismailíes, de la que se desgajó la de los fatimíes y de ésta la ramita de los nizaríes. También todos contra todos en todo, o sea, en lo religioso-político-militar, como sigue siendo la norma por aquellos lares. Todos clamaban por el derecho de uno de los suyos a gobernarlo todo aduciendo alambicadas razones históricas. ¿No suena a familiar?

Los nizaríes decidieron tomarse la justicia por su mano. Estaban en contra de fatimíes, turcos, suníes, cruzados... En contra de todos. Pero los nizaríes eran pocos, de modo que sus líderes formaron un grupito de fieles que obedecían sin rechistar, tan lavados sus cerebros que podrían matar con gusto... cosa que hacían cuando se les ordenaba. Los convencieron de la bondad del martirio por sus creencias. Desde la fortaleza de Alamut, donde «el Viejo de la Montaña», como pronto se conoció su jefe, reinaba en señor absoluto, los enviaban a eliminar por las bravas a líderes de todo signo y condición. Cayeron visires, gobernantes, príncipes cristianos... Saladino se libró a duras penas por la cota de malla que detuvo los puñales. Mataban de cerca, como el tiro en la nuca de la ETA pero con puñal. Claro, los prendían y los ajusticiaban sobre la marcha, eran terroristas suicidas, ¿les suena?, el mundo no ha cambiado mucho en algunas partes. El terror invadió a políticos, militares y religiosos, nadie estaba fuera de la mirada del Viejo de la Montaña. Los intentos de tomar Alamut se contaron por fracasos.

Se decía que para la ejecución de las órdenes tomaban un bebedizo derivado del hachís, y de ahí el nombre que les dieron: «hashshashin», «bebedores de hachís», palabreja que pronto se simplificó en «asesinos». La Secta de los Asesinos, Alamut y el Viejo de la Montaña. Nombres míticos. Un par de siglos duró hasta que los mogoles acabaron con ellos. Pero la palabra «asesino» y la técnica del terrorismo organizado para satisfacer un ideal político-religioso fueron creaciones eternas.

¿Les suena a moderno...? ¿Era Bin Laden un «Viejo de la Montaña» actual, aun siendo suní? ¿Lo fueron Stalin y Hitler? ¿Cómo se encontraría el Viejo de la Montaña en la «Conferencia de la Paz» celebrada ayer? También se llenó de terror la vida española por supuestos ideales políticos y religiosos, o sea, nacionalistas, en cuyo nombre actuaban los "hashshashin” hispánicos. Tal Conferencia se podría llamar «Conferencia de Alamut» y los participantes en ella bien podrían saber lo que escribió alguien que no recuerdo: «Matar a una persona por defender un ideal no es defender un ideal: es matar a una persona».

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