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Estamos en un verdadero cambio de ciclo histórico

La institución arranca una nueva etapa en Córdoba con el reto de convertir la ciudad en un referente en las relaciones con los países de una zona actualmente en ebullición
25 de Septiembre de 2011

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Cinco años después de su nacimiento, Casa Árabe ha dado un paso más en su proyección con la apertura de su sede definitiva en Córdoba, en un edificio resultante de la adhesión de varias casas que ha sido objeto de una modélica restauración, al final de la calle Samuel de los Santos Gener. La directora general de la institución, Gema Martín Muñoz, reflexiona allí sobre este proyecto y sobre la realidad que vive el mundo árabe.

-¿Qué supone la apertura de la nueva sede en Córdoba en la pauta de desarrollo de Casa Árabe?

-Significa, por una parte, la recuperación para el patrimonio de Córdoba de una de sus joyas, este edificio que estaba cerrado y abandonado, como espacio público para la ciudadanía. Nos sumamos a esa rica red institucional que tiene ya esta ciudad de espacios públicos de distinto carácter. Para Casa Árabe en Córdoba era un elemento sustancial contar con una sede, porque una institución, hasta que no tiene una sede, no acaba de poseer una identidad fuerte y de arraigar en la ciudad y en la ciudadanía. Es la culminación del proyecto de Casa Árabe. De esta manera, los objetivos de la institución se enriquecen. Casa Árabe está pensada para diversas funciones. Una de ellas es convertirse en un gran espacio público para todos los ciudadanos; que puedan tener a través de él un mejor conocimiento de las diversas realidades que existen en los países y sociedades árabes. Un conocimiento de aquello que normalmente no se conoce, ya que lo que nos llega de estos países se limita normalmente a informaciones sobre conflictos: lo que es noticiable. Aquí queremos enseñar otras múltiples realidades: sociales, culturales, económicas... Vamos a hacer actividades de interacción con la sociedad cordobesa: un programa de visitas a la institución, talleres de caligrafía árabe, introducción a la música y la gastronomía árabe... Además, teniendo en cuenta el momento tan interesante que se da en estos países, que viven un proceso de cambio enorme con un gran desarrollo de las sociedades civiles, esta institución va a ser un faro y un referente para conocer lo que verdaderamente está ocurriendo allí, y para esas nuevas generaciones de jóvenes árabes que están luchando día a día para conseguir su democracia y sus libertades como hicimos nosotros hace ya muchos años. Jóvenes que serán las elites que construyan en el futuro esos países. Queremos que, a través de Casa Árabe, estos ciudadanos se comuniquen y debatan con los españoles, los andaluces y los cordobeses para ir tejiendo relaciones e intercambios. Esto va a ser muy positivo para la necesaria acción exterior española en estos nuevos sistemas políticos. Queremos también que Casa Árabe sea un instrumento de mediación, intercambio y contactos con el mundo empresarial árabe. Los empresarios cordobeses pueden beneficiarse de esta línea de acción. Por último, a través de Casa Árabe Córdoba va a acoger importantes conferencias internacionales relacionadas con este mundo y estos cambios. Así, nos convertimos en un foco más de esta ciudad para mostrar su riqueza patrimonial e histórica, y también su modernidad y su capacidad para acoger grandes acontecimientos.

-¿Se están cumpliendo los objetivos fundacionales de la institución?

-El balance de estos cinco años de existencia es muy positivo. Es una institución que se ha desarrollado muchísimo, con gran éxito de público en todo lo referente a actividades e intercomunicación con la sociedad. Esto demuestra que nuestra sociedad tiene interés por conocer más sobre las sociedades y la región árabe, omnipresente en los medios de comunicación pero sobre la que se conoce poco. Cuando a la gente se le ofrece la oportunidad de conocer más y mejor esas realidades, reacciona muy positivamente. Nosotros actuamos en todos los ámbitos, no estamos especializados en una disciplina concreta. Abarcamos la política, la economía, el mundo empresarial, la educación, la creación artística... Casa Árabe se caracteriza también por trabajar con personalidades específicas de estos países que vienen para desarrollar debates, relacionarse con sus homólogos del mundo intelectual, político, económico o artístico, y generar esa interactuación que vaya colocando a España como un referente europeo en las relaciones con estos países. Todas las instituciones que conforman el consorcio Casa Árabe (Ministerio de Asuntos Exteriores, Comunidad de Madrid, Junta de Andalucía y los ayuntamientos de Madrid y Córdoba) mostraron una importante visión de futuro a la hora de apostar por un instrumento internacional de gran envergadura que afianzara ese liderazgo español dentro de Europa en las relaciones con los países árabes, y más en un momento como el actual, trascendental para que la política española y los mundos empresarial y artístico establezcan comunicación con las generaciones que están construyendo una nueva etapa histórica en sus países. No existe en ningún país europeo una institución de esta envergadura.

-¿Hemos avanzado en los últimos años en el conocimiento de la realidad de estos países? ¿Qué obstáculos sigue habiendo para que ese conocimiento nos llegue sin distorsiones?

-Para trabajar en la construcción de una visión y unas opiniones públicas y sociales respecto a estas dimensiones de los países árabes era necesario tener un instrumento institucional, un cauce que facilitase esa relación y ese conocimiento. Hemos ido avanzando gracias a un trabajo que sirve para conocer de manera real, no imaginando cosas. Cuando solo tienes la imaginación y la información de lo más conflictivo y lo más radical que existe en esos países, porque es lo que los medios enseñan, es fácil que se generen estereotipos, tópicos, clichés. Facilitar la comunicación con otros actores que no representan esa visión extremista es trabajar para que las cosas se coloquen en su sitio. Con conocimiento real ya sí se puede opinar. Y hay un elemento que está trabajando en positivo en la comprensión y empatía con estos países: las revoluciones democráticas en las que se ha descubierto al ciudadano árabe. Antes, a través del dictador árabe se juzgaba al resto del país y, claro, la opinión era tremendamente negativa. Ahora se ha descubierto al ciudadano árabe que está luchando por los mismos beneficios democráticos por los que hemos luchado en otros países. Esto está generando una comprensión mucho más humana y real de estos países. Todos estos elementos van contribuyendo a la demolición de prejuicios y estereotipos que están históricamente muy arraigados en la mentalidad española, europea y occidental, porque la visión que se ofrecía estaba muy encapsulada en lo conflictivo y los regímenes, de tal manera que parecía que el régimen representaba toda la realidad del país. Esa idea de que en estos países no había aprecio por la democracia está siendo abolida por los jóvenes que están luchando por ella. Queda mucho trabajo por hacer a la hora de normalizar la visión sobre estos países, pero estamos en un momento esperanzador, y apasionante por todo lo que está pasando.

-¿Por qué este movimiento de reivindicación democrática no se ha producido antes y hasta dónde puede llegar?

-Los procesos históricos son siempre largos y se basan en la acumulación de hechos y realidades. Lo que ha ocurrido ahora no se ha forjado en unos años: es un proceso largo de suma de elementos y llega un momento en el que se produce una explosión y surge la gran movilización. Existían ya muchísimos elementos que los especialistas en estos países habíamos percibido y estudiado. Habíamos observado que en unos países en los que el 60% de la población tiene menos de 20 años, esa juventud era un elemento clave por el que iba a pasar todo y estaba al borde de lo insoportable. A esos jóvenes se les estaba despreciando como ciudadanos; de ahí ese grito de lucha por la dignidad del ser humano ciudadano, con sus derechos y sus libertades. Económicamente se les tenía ahogados en una situación de colapso, con una distancia inmensa entre ricos y pobres y sistemas económicos corruptos, propios de regímenes totalitarios. Desde hace tiempo, esas sociedades estaban en un proceso de cambio social y de ruptura política y muy preparadas para gestionar una nueva realidad, un nuevo orden basado en derechos. Eso sí que se podía percibir. Lo que pasa es que a veces las grandes líneas políticas del mundo están más cómodas manteniendo el statu quo. ¿En qué momento se iba a dar una circunstancia para que todo explotase, la gota que colmara el vaso? Era imposible saberlo. Ocurrió a partir de diciembre de 2010: podría haber sido antes o podría no haber ocurrido todavía. Pero era seguro que iba a pasar.

-¿Se dan realmente las condiciones en estas sociedades para el establecimiento y la consolidación de sistemas de derechos y libertades?

-Lo que hay que entender es que lo que se conoce como mundo árabe engloba 22 países con contextos y realidades muy distintas. Hay diferencias enormes entre unos países y otros: por el sistema político, por la estructuración social, la situación económica, los recursos naturales... Para hacer un análisis correcto hay que ir viendo cada país porque las evoluciones son distintas en cada caso: en unos será más rápida y en otros más lenta porque los actores de la obstaculización de la revolución democrática son más poderosos. Los procesos de cambio y transición van a tener ritmos muy diferentes. Pero debemos tener en cuenta que, en cualquier caso, estos procesos llevan siempre mucho tiempo, en el mundo árabe y fuera de él. Los procesos de cambio de régimen y transición a la democracia exigen años, y en España tenemos un ejemplo. Y en ellos hay muchas amenazas y riesgos, puede haber momentos de involución, hay violencia política... Todo esto van a vivirlo estos países. El entusiasmo de estos primeros momentos no debe hacer pensar que van a resolver en dos o tres años todos los desafíos de la transición democrática. Ahora bien, sí creo que el cambio es irreversible: estamos viviendo un verdadero cambio de ciclo histórico en el que el paisaje político, social y económico de estos países va a cambiar profundamente, si bien a algunos todavía les puede quedar mucho tiempo para conseguirlo.

-Por ejemplo, Siria, que ha sido objeto esta semana de nuevas sanciones por parte de la Unión Europea. ¿Es factible la consecución de la democracia en este país?

-Sí, es factible desde el punto de vista de que los ciudadanos de Siria, como los tunecinos o los egipcios, están dispuestos y preparados, con todas las dificultades que están surgiendo, para gestionar un proceso de cambio a la democracia. La madurez ciudadana de la enorme mayoría de estas poblaciones les permite gestionar el proceso de cambio. En el caso de Siria, la transición a un sistema político democrático es algo que probablemente va a costar todavía. Pero es inevitable: se va a conseguir. No hay vuelta atrás. El régimen podría haber optado por una vía reformista pero no lo ha hecho. La posición de la comunidad internacional, la realidad de lo que está pasando y el hecho de que los ciudadanos sirios no están dando marcha atrás en su lucha por las libertades, a pesar de la represión, indican que en Siria va a haber sin lugar a dudas un cambio político, pero no va a ser de la noche a la mañana.

-Ha sido muy interesante asistir al proceso de contagio entre las sociedades de los países que están viviendo estos cambios: la manera en que unos procesos de conquista han servido de estímulo a otros y el papel que en esta dinámica ha desempeñado las nuevas tecnologías.

-Hoy en día hay instrumentos que no existían por ejemplo en los años 80 y que han ayudado al éxito de estas movilizaciones y al establecimiento de una comunicación entre países. La revolución tecnológica ha desempeñado aquí un papel fundamental: la televisión por cable, internet, las redes sociales... La revolución tunecina y la egipcia fueron rodadas minuto a minuto y emitidas a todo el mundo. Ha habido una influencia anímica de unos países a otros, al ver cómo en Túnez se triunfaba poniendo fin al régimen de Ben Ali, o en Egipto con la dimisión de Hosni Mubarak. Hay un vínculo general que es de tipo moral, emocional, de autoafirmación de estos ciudadanos como árabes, un sentimiento común de recuperación de una dignidad, al margen de que cada país siga su desarrollo. Estos ciudadanos árabes quieren demostrar que son muy distintos de la imagen que se ha proyectado de ellos en el mundo occidental. Que Al Qaeda nada tiene que ver con ellos. Que quieren aspirar a los beneficios de los valores universales. Hay un vinculo de identificación común a partir del sentimiento de arabidad y de búsqueda de la dignidad.

-Un vínculo que favorece la perseverancia en los casos más difíciles, como en la ya mencionada Siria o en Libia.

-Exacto, esos vínculos se van reforzando en un caso como el de Libia, con un modelo bélico-militar, hasta conseguir que el régimen caiga. Porque es irrelevante dónde está Gadafi: para los ciudadanos libios lo fundamental ya no es cazar al cabeza del régimen, aunque, evidentemente, querrán juzgarlo. Lo importante es derribar el régimen y esto animará a los ciudadanos de otros países en los que la revolución se ha frenado: por ejemplo, Yemen, donde estamos viendo cómo ha habido un proceso de movilización ciudadana inmenso que, llegado a un punto, quedó bloqueado, y ahora se está retomando a pesar de la represión. No logran matar ese espíritu ciudadano revolucionario.

-Estos días también es noticia la demanda palestina de ingreso en la ONU como Estado de pleno derecho. ¿Es esto un atajo para conseguir la paz, como ha dicho Obama?

-Es un proceso muy complicado que se está alargando demasiado tiempo, pero es comprensible que los palestinos, a partir de la constatación de que no hay proceso de negociación y de que Israel no solo no ha parado la colonización de los territorios ocupados palestinos sino que continúa el proceso, de una manera absolutamente pacífica y en el ámbito de la comunidad internacional traten de lograr el reconocimiento de sus derechos. Unos derechos reconocidos por la ley internacional y todas las resoluciones de la Asamblea de Naciones Unidas. Si los palestinos están intentando esto es porque están buscando desesperadamente una vía que les permita lo que es de justicia: tener un Estado, que se respete lo que dice la ley internacional y se acabe con la colonización ilegal de sus territorios. No solo es comprensible sino que muestra que prácticamente es el único camino que les han dejado, porque aunque se hable mucho de que esto hay que resolverlo en el marco de las negociaciones, no hay manera de que éstas continúen con decisiones determinantes.

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