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Una heroína legendaria en el tránsito de alándalus hacia el cristianismo

11 de Septiembre de 2011

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La antigua alcazaba musulmana de Luque -convertida luego en castillo- fue construida en el siglo IX por Muhammad I y fue fortaleza de Ibn Mastana, señor de Priego, amigo y aliado de quien en palabras de Dozy fue el primer bandolero andaluz: Umar ben Hafsún. Juntos encabezaron la última resistencia frente a lo que ellos consideraban la invasión siria. Luego le fue arrebatada por el emir Abd Alláh, según cuenta un romance andalusí. Pero sería la vieja Elvira quien la adscribiría a su reino finalmente y, al tornarse esta Granada en el postrer reducto andalusí, su situación fronteriza la convirtió en testigo de numerosas reyertas.
Hoy, la fortaleza milenaria es una de las señas de identida más singulares del antiguo Lukk y protagonista del paisaje a cuya sombra descansa este pueblo blanco, bellísimo.
El patrimonio sentimental de los luqueños guarda también vestigios materiales, más allá del hondo calado que conserva entre sus gentes. La protagonista tiene nombre, apellido, varias fechas relacionadas con su tiempo y con el suceso, difícil de contrastar, que la inscribió en el imaginario popular cordobés. Se llamó Isabel de Arrebola, más conocida como La Roldana, nombre que toma de su esposo, Cristóbal Roldán.
Según la leyenda fue este capitán, a las órdenes de un rey que pudo ser Fernando III o Alfonso XI, quien encabezó la conquista de Luque al servicio del conde de Cabra. Para la tradición oral, que nos transmitió en los años 90 el escritor José de la Rosa Pérez, las tropas se introdujeron en el castillo a través de un túnel construido para nutrirlo de agua; procedía del manantial del río Marbella y reposaba en el aljibe conocido como de la Coracha, aunque volviendo a la versión más popular, se considera que el lugar de acceso era una mina. Tampoco es posible contrastar si, como es probable, fuera aquél el lugar de residencia de Isabel de Arrebola y su esposo.
Los montes de Luque guardan asimismo el secreto del día y la fecha en que una partida de “moros” intentó hacer cautiva a La Roldana, mientras el esposo se hallaba ausente defendiendo estas tierras fronterizas del acoso del reino de Granada y capitaneando un gran numero de nuevos luqueños. Tan sólo Valverde y Perales dejó memoria o fantasía en un romance, recogido también por de la Rosa, y que sostiene todo lo que de esta mujer sabemos. Era primavera, “Negaba ya sus fulgores a los escondidos valles/el sol, corriendo a Occidente/en una apacible tarde”. Varios caballeros salieron a pasear por los alrededores de la villa en compañía de Isabel. Llegaron a una fuente, hoy conocida como la de La Roldana, a poca distancia del recinto amurallado, y allí se sentaron a descansar, ajenos a las incursiones que constantemente intentaban las tropas enemigas de Granada. De repente, un grupo de jinetes andalusíes irrumpió en el lugar. Todos huyeron intentando salvar cada cual su propio pellejo, salvo ella que, sujeta a los ropajes de mujer, no tuvo tiempo: “Cansada, Isabel, y sola, impedida de su traje,/se ocultó por entre peñas, pasó la taifa adelante”
La Roldana optó por permanecer oculta tras unas peñas hasta que consideró pasado el peligro y emprendió el regreso a Luque. Pero un jinete adversario la sorprendió, frenó su caballo y, sin mediar palabra, desenfundó el alfanje y corto los pechos de Isabel de dos rápidos tajos. “Intentó de un tercer gol-
pe, el hombre el cuello cortarle,/y ella, burlando el intento saltó ligera, y ganándole/la lanza, la hundió con furia en el pecho de aquél árabe”. Y así, casi desangrada, llegó hasta el castillo y pudo dar aviso a sus paisanos, antes de morir y quedar convertida, por siempre, en leyenda. Como toda fábula medieval-cristiana, cuenta con los componentes de remordimiento, temor, castigo y mensajes adoctrinantes. Así, se cuenta que los caballeros que abandonaron a Isabel, nunca superaron lo que en la Edad Moderna se llamaría mala conciencia.
Valverde y Perales, como no podía ser menos, concluye aludiendo a estas circunstancias diciendo que “La historia dice sus nombres mas bueno será callarles,/que a castigar tales hechos es el silencio bastante” Pero la Historia es igualmente paridora incansable de jornaleros de la verdad, de tal manera que en pos de ella muchos estudiosos anónimos recorren archivos buscándola tenazmente. Isabel de Arrebola y su capitán, Cristóbal Rafael Roldán Baena, debieron ser la obsesión de uno de estos historiadores, autor de Luque y la invención de su nobleza, título que figura en la red firmado con las siglas L.M.S.L. y que desmonta todo lo anteriormente dicho. Para este Licenciado en Historia, la leyenda es “una mentira que fue denunciada en el vacío y en su día por Fernández González y por Estrada Carrillo; una mentira que, ignorantes, hemos arrastrado generación tras generación y que se alza triunfante en un castillo, una fábrica...”. Leyenda, mentira e imaginación sustentan la quimera popular y la literatura clásica, y si bien resulta conmovedora la memoria, que traspasa como el .agua los muros de los siglos, también está presa, como dice este historiador secreto, de “publicaciones de esforzados aficionados y en nuestro ideario colectivo”.

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