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La Mezquita, definición de espacio

12 de Mayo de 2009

Por Juan A. Souto (Universidad Complutense)


La mezquita es el símbolo más destacado y visible del Islam. Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que si el Islam se hiciera edificio, sería una mezquita. La mezquita es el centro neurálgico de las comunidades musulmanas, tanto en Oriente como en Occidente. Sirve como lugar de oración -su función primigenia y primordial-, pero también de prédica, de enseñanza, de reuniones sociales y de escenario de acontecimientos políticos y legales. Además, constituye una auténtica ”marca territorial”: allí donde hay una mezquita o restos de una mezquita hay o hubo musulmanes.


La propia etimología de la palabra “mezquita” nos da su definición: el término castellano deriva del árabe masgid, nombre de lugar, tip, del verbo sagada, “postrarse”; es decir, literalmente, “postradero”. Esto tiene su razón de ser por la naturaleza de la azalá u oración islámica, uno de los “pilares” del Islam: una serie de salutaciones que tan sólo precisan de un espacio horizontal donde postrarse, bien individualmente, bien en comunidad. En este último caso, los fieles se disponen en filas paralelas al muro (o simple línea recta) que señala la alquibla o dirección a La Meca.


Dados unos requerimientos tan sencillos, cualquier lugar es válido para hacer la azalá, cualquier lugar puede ser litúrgicamente una mezquita, aunque sólo cumpla esa función durante unos minutos. Y al revés, pues todo lugar que ha servido como mezquita en su momento puede tomar o retomar otros usos cuando sea. “Dondequiera que oréis, ese lugar es una mezquita”, según el dicho del Profeta Muhammad. Est se debe a que el Islam no trata como sagradas ni sacraliza las cosas materiales. Podríamos decir, en este sentido, que no hay auténticos << espacios sagrados>> en el Islam. Recuérdese que una de las características de esta religión -entendida como modo de vida y comportamiento- es precisamente su vago límite entre lo <> y lo <>. Su máxima representación arquiteectónica no podía ser ajena a ello.


Sin embargo, todos tenemos claro que al hablar de mezquitas nos referimos a edificios más o menos sólidos y con componentes más o menos recurrentes. Para profundizar en estos conceptos es útil acudir de nuevo a la etimología de “mezquita”. Ésta da la clave general de la génesis del edificio, pues plantea el “problema” arquitectónico de idear una forma apta para realizar el culto de una manera determinada a una deidad invisible irrepresentable, a diferencia de toras religiones -recordemos, por ejemplo, la cruz del Cristianismo. Así, las primeras mezquitas, documentadas en tiempos del Profeta, eran simples líneas perpendiculares a la alquibla y trazadas en el suelo.


Pero tampoco la alquibla fue siempre la misma dirección: al principio, el Profeta y los musulmanes rezaban en dirección a Jerusalén, como los judíos, pero en un momento dado se rompió esa costumbre. Fue en plena oración en una musalla u oratorio al aire libre en las afueras de Medina: súbitamente, Muhammad se volvió del norte, Jerusalén, hacia la Ka ba, en La Meca, que se encontraba al sur, de ahí que la nueva y definitiva dirección tomase ese nombre (al-qibla, “el sur”) y la musalla en cuestión el de “la Mezquita de las dos alquiblas”. El giro de 180 grados fue seguido de la correspondiente revelación coránica. El cambio de orienteación de la azalá afirmaba el carácter sagrado de la Kacba para el Islam y su reivindicación, a la vez que una ruptura clara de la sconcesiones hacia los judíos de Medina. Junto con ello se retomó la peregrinación preislámica a la Meca, que devino uno de los “pilares del Islam”, como es bien sabido.


Por lo que se refiere al génesis formal de la mezquita, hay que dicer que su modelo más primitivo, la sala hipóstila con patio, surgió de la necesidad de combinar la función de la oración colectiva con las formas más simples posibles, cuyo prototipo accidental resultó ser la casa del Profeta en Medina, que responde a un tipo básico sencillo, fácil de instalar y abierto a adaptaciones e innovaciones que no tardarían en llegar. Esta casa de Muhammad en Medina fue construida en 622, inmeidatamente después de la hégira, para él y su familia. Según las fuentes escritas (puesto que no se conservan restos originales), la tal “casa” era un recinto de adobe, aproximadamente cuadrado, de unos 50 metros de lado, con muros de unos 3,5 metros de altura. La zona meridional tenía una cubierta de hojas de palma mezcladas con barro, sostenido por columnas de tronco de palmera que definían tres naves paralelas al muro oriental se adosaron habitaciones abiertas al interior del conjunto, que fueron destinadas a las sucesivas esposas del Profeta. En 632, año de la muerte de éste, había nueve habitaciones. Sus entradas se cerraban con cortinas y “se podía tocar el techo con las manos”, según las fuentes. En el ángulo noroeste del patio definido había un cobertizo semejante al del lado sur y que servía de refugio para los pobres.


Es evidente que la llamada “casa” del Profeta debió construirse con las citadas orientación y dimensiones precisamente para albergar a la comunidad de los fieles, o cuando menos a parte de ella, en oración colectiva. Las fuentes recogen el carácter semipúblico del edificio, y en el Corán se pide que no se entre en ella a cualquier hora, señal de que el Profeta debía tener establecido una especie de horario. No fue santuario público hasta 674.


Nada se sabe de otras mezquitas en la época de Muhammad, aunque se mencionan de forma genérica en las fuentes. Debían ser oratorios al aire libre. Es muy posible que el propio Profeta ordenase construir algunas cerda de su casa.


En muchos lugares recién conquistados por el Islam -principalmente en Siria, Irán y Egipto-, las primeras mezquitas fueron edificios preexistentes, generalmente religiosos -sobre todo iglesias y templos mazdeístas-, compartidos o repartidos entre musulmanes y no musulmanes. También se sabe de pactos según los cuales los musulmanes se instalaban en zonas no pobladas donde podían erigir sus propias mezquitas.


Tras estos orígenes tan sencillos, la mezquita fue pronto objeto de una tremenda dispersión formal, lo que constituye una de sus principales características para el observador de hoy día. Esta dispersión se debe a razones geográficas (los condicionantes físicos y climáticos) e históricas (sobre todo, las diferentes culturas anteriores al Islam y subyacentes a lo largo del desarrollo de éste). En general, pueden definirse cinco tipos básicos:


- Mezquita de sala hipóstila con cubierta plana y una o más cúpulas, correspondiente a la etapa formativa, a las “tierras centrales” del Islam y al Occidente (al-Andalus y al Magreb).


- Gran espacio central cubierto por grandes cúpulas rodeadas a su vez de otras menores, mezquita típica del mundo otomano.


- Mezquita de cuatro ivanes, propia de Irán y Asia Central.


- Mezquita de tres cúpulas con gran patio, típica de India en época mongola.


- Complejo murado con pabellones yuxtapuestos en un jardín-paisaje, modelo propio de China.


Para terminar, diremos con su dispersión formal a lo largo del tiempo y el espacio, las mezquitas incoporaron una serie de componentes que hoy ya pueden considerarse consustanciales a su naturaleza. Fue en Siria y en Egipto, “corazón” del mundo árabo-islámico, donde estos elementos se desarrollaron y perfeccionaron. Tales elementos son los siguientes:


- Un espacio para congregar a los orantes, bien a cubierto a modo de sala (haram), bien al raso a modo de patio (sahn) con o sin galerías (riwaq). Las formas y disposiciones de estos elementos son muy variadas.


- Mihrab: nicho en el muro dela alquibla. Es de subrayar que este nicho no es sagrado: lo sagrado es la dirección que indica, algo en última instancia inmaterial. El primer mihrab documentado es el que mandó hacer el califa omeya al-Wlid I (705-15) en la casa del Profeta en Medina, a guisa de conmemoración. Los orígenes del mihrab y los avatares de su incorporación como elemento propio de la mezquita son inciertos.


- Almimbar: es un púlpito que se sitúa a la derecha del mihrab según miran los orantes. Sirve para deicr el sermón del viernes o jutba. El primer almimbar fue el que usó el Profeta en su casa de Medina, para que lo vieran y oyeran todos al decir sus sermones. El uso del púlpito era una costumbre simbólica de prestigio y poder tomada de los jueces de la Arabia preislámica. El almimbar es un elemento omnipresente en las grandes mezquitas, aunque no en las pequeñas.


- Dikka: consiste en una plataforma o tarima elevada y alineada con el mihrab. Desde lo alto de ella, un segundo imán repite las posturas del “oficial” (que está ante el mihrab), para que todos lo puedan ver y seguir. Es más frecuente en Oriente que en Occidente.


- Atril para la lectura y la recitación del Corán.


- Maqsura: es un recinto situado ante el mihrab y que se reserva para el imán. Tiene su origen en la prevención de magnicidios. No lo suelen tener las mezquitas pequeñas.


- Fuente para las abluciones rituales, obligatorias antes de la azalá. Se sitúa en el patio.


- Alminar: es una torre que sirve para la llamada a la azalá. Sus orígenes no están claros, pero en todo caso es un elemento introducido después de la muerte del Profeta, ya que el almuédano de éste llamaba desde la cubierta de su casa. Puede que la razón del surgimiento de los alminares fuese triple: hacerse oír sobre el ruido de fondo de la ciudad, sevir de reclamo o guía visual a los fieles y hacer las veces de “marca” territorial o emblema de la presencia del Islam. Los alminares tomaron las formas características de las torres locales de las tierras conquiestadas: planta cuadrada en Siria y el Occidente islámico, circular en Irán, en espiral en los más antiguos ejemplos iraquíes conservados...


- Portal: a pesar de no tener función de fachada propiamente dicha, el portal simboliza el umbral, el lugar de paso entre dos mundos, del “bullicio externo” a la paz interior de la mezquita.

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