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De cómo la Catedral acabó de crear a la Mezquita

13 de Febrero de 2018
ABC Córdoba

De la vida de los edificios se ocupan hoy poco los que escriben de arquitectura. Quien ha escrito esta frase lo hace con afán constructivo, nunca mejor dicho, puesto que se pone a hacerlo él mismo, y con ejemplos concretos. «Una obra de arquitectura envejece de modo bien distinto al que envejece un cuadro. El tiempo no es sólo pátina para la obra de arquitectura y, con frecuencia, los edificios sufren ampliaciones, sustituyen o alteran espacios y elementos», cuenta. Firma el texto Rafael Moneo Valls (Tudela, 1937), el más prestigioso de los arquitectos españoles vivos, que ha dedicado un libro a hablar de cómo "pasan los años para las construcciones, y con un gran monumento cordobés en muy primer plano. «La vida de los edificios. La mezquita de Córdoba, la lonja de Sevilla y un carmen en Granada» es el título del libro del que se extrae este texto, que ha publicado la editorial Acantilado, y que ha sorprendido por el profundo conocimiento que Moneo tiene de la Mezquita-Catedral y el elogidde todas sus intervenciones. Para Monéo, la clave del edificio está en «la estructura formal», que no es sólo aquella con la que se comenzó a construir en el siglo VIII, sino que después se mantuvo a pesar de las muchas y muy distintas intervenciones que sufrió. Los principios en que se apoya «se definierbn con claridad suficiente para que, y a pesar incluso de aparentes contradicciones, estuvieran siempre presentes y siempre fuesen respetados por los arquitectos que sobre la Mezquita actuaron, permaneciendo constántes a lo largo de las continuas intervenciones en ella». Moneo habla del edificio y de su inspiración en la mezquita de Damasco, pero también del concepto que debía tener una sala de oración islámica, entonces una religión muy joven. «En ella la nueva idea de oración que la religión islámica traía consigo podía encontrar la atmósfera que precisaba: la difusa presencia de Dios'se materializaba así en la infinitud del artificial espacio de la mezquita». Moneo se detiene en el edificio cordobés en algunos detalles técnicos, como los muros perpendiculares a la quibla, «y no paralelos, como era la costumbre», algo que luego tendría muchas consecuencias. «Una interpretación pragmática podría sugerir que el arquitecto, queriendo dar mayor altura al techo y no contento con colocarlo sobre un muro sustentado por una cadena de arcos de herradura sobre las columnas, decidió incorporar una nueva cadena de arcos de medio punto —un segundo orden— para lograr la deseada altura», apunta. Pero después desliza otra hipótesis: «Podríamos entender la estructura como cadenas de arcos de medio punto sobre pilares esbeltos, atados éstos por un elemento transversal hipotético —el arco de herradura—incorporado al conjunto para garantizar su estabilidad». Es decir, en una explicación el principal sería el arco inferior y en la segundo lo sería el superior, según el arquitecto. La Mezquita sería entonces un sistema formado por «muros-acueductos perpendiculares a la quibla». Es decir, hay dos sistemas y dos direcciones que confluyen «virtualmente, pero también de forma irreducible», nace el espacio singular del edificio. Elogia muchas de las soluciones que emplearon los arquitectos, como la parte superior del capitel, «donde convergen el pilar, el arco de herradura y la columna-capitel». Para Moneo, es un elemento, «tan simple como eficaz, que resolvía la conjunción de todos ellos». Tras analizar los principios de la primitiva mezquita, pasa a las ampliaciones. De la de Alhakén II, por ejemplo, dice que le añade el sentido de la profundidad y que la transformó «sin que la continuidad con lo ya construido se perdiera». Ahí convivían una vieja y tina nueva mezquita, que era la zona que se había creado nueva, con un punto en que se articulaban ambas: lo que hoy se llama la capilla de Villaviciosa, y que «desempeñó el papel de rótula, de puerta virtual, entre la vieja y la nueva mezquita». Tras recorrer la historia del edificio, llega a la intervención cristiana', tras la conquista por Fernando III El Santo y sus palabras no son de condena, sino de respeto. «Comenzó una nueva vida en la Mezquita de Córdoba y los constructores cristianos actuaron con profundo conocimiento de lá Mezquita y de su significado», concluye el arquitecto. Primero, con el crucero gótico, que destacó «por su economía, y a la vez, por su eficacia». Purificación • La segunda sería más difícil, y llegó, recuerda el arquitecto, en un tiempo " en que, tras la conquista de Granada, se planteaba la «purificación» total del edificio. Es decir, la eliminación de toda huella islámica. No sería así. «A pesar de las duras y repetidas críticas que ha recibido la catedral, la obra de Hernán Ruiz fue realizada con talento y habilidad. Se trataba de un encargo difícil y fue resuelto con extrema sabiduría», opina el autor de «La vida de los edificios», que también tiene palabras de elogio para el lugar elegido para la construcción del crucero, que sería determinante para la conservación y percepción de la Mezquita-Catedral a partir de entonces. Sí es verdad que el itinerario que había previsto Alhakén II para llegar a la quibla, el espacio más sagrado de los musulmanes, había desaparecido definitivamente, entre el nuevo crucero renacentista y el que se había creado en primer lugar en la capilla de Villaviciosa. Pero aún así, «la inserción de la catedral fue realizada con tal precisión que su presencia en el interior de la mezquita constituye una continua sorpresa para quien ama detenerse ante los problemas que gravitaron sobre el trabajo del arquitecto». Por eso ensalza «el ingenioso modo en que el impresionante hueco de la catedral niega violentamente la modesta altura de la mezquita, aumentando así el dramatismo que implica el encuentro de dos arquitecturas tan diferentes». Y aquí había una paradoja: «la catedral favorecía la unidad de la mezquita; incluso la ampliación de Almanzor, que hasta entonces había carecido de sentido, adquirió coherencia al envolver el cuerpo de la iglesia cristiana». Ya no había varias mezquitas, según los califas, sino una sola, concluye Rafael Moneo:«La compleja e inaprensible Mezquita de Córdoba».

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