Jueves,20 de Septiembre de 2018
Imagen de Mis favoritos
Imagen del Mapa del sitio
Imagen de contacto
Icono del RSS

La Mezquita-Catedral, un rosario de tumbas florecidas en capillas

17 de Octubre de 2017
ABC Córdoba ImagenCuando hace unos meses, al hacer las catas arqueológicas para la segunda puerta, aparecieron en el subsuelo de la Mezquita-Catedral restos de enterramientos, pocos pusieron un gesto de extrañeza. Como todas las iglesias de su época, y en especial las sedes episcopales, el monumento está edificado sobre un gigantesco cementerio que además ofrece un relato de su historia como templo católica. La muestra «Ars moriendi» ofrece un recorrido por el arte funerario en el primer templo, que es lo mismo que decir por casi todo el arte cristiano que se fue añadiendo al edificio. Su director, el profesor Antonio González Torrico, explicó que hay enterramientos de forma regular en la Catedral ya desde poco después al momento de su dedicación, en 1240, hasta bien entrado el siglo XX. De hecho, el que fue el primer prelado después de la Reconquista, Lope de Fitero, ya está enterrado en el interior del edificio que le entregó el rey Fernando III El Santo. «Los enterramientos suelen ser jerárquicos, de forma que es más importante el lugar que está a los pies de la capilla mayor, o en sus proximidades, que los que están más alejados», explica. Al pie mismo del presbiterio del tiempo catedralicio está una de las sepulturas más relevantes: la del obispo Leopoldo de Austria, relevante por sus actuaciones en el monumento y por su alcurnia, ya que era hermano del emperador Maximiliano de Aústria y por lo tanto tío del que luego le sucedería en el trono: Carlos I de España y V de Alemania. Una losa de mármol negro, con su escudo, lo cubre desde 1557. Como explicó González Torrico, para enterrarse en la Catedral hacían falta dos cosas: tener estatuto de limpieza de sangre y la lismona correspondiente, por la que el Cabildo acordaba ceder un espacio. En las proximidades del altar mayor solían estar las de canónigos y prelados, aunque algunas se buscaron otros espacios. Es el caso de una de las más celebradas: la del cardenal Pedro de Salazar. Había fundado la capilla de Santa Teresa, llena de valiosas esculturas de José de Mora, y hoy parte del tesoro, y se le enterró allí en 1706, en un sepulcro de mármol con ángeles dolientes en las esquinas que a muchos les parecerá familiar, ya que en él se inspira el paso del Cristo del Remedio de Ánimas. En total, desde 1249 hasta el año 1600 se han contado unas 400 enterramientos, con lo que la cifra total a partir de entonces muy bien podría sobrepasar el millar.

Condiciones
A partir de ahí, comienzan las capillas fundadas por familias nobles y por la oligarquía local para sus enterramientos y de sus descedentes Ese es el origen de casi todas las capillas repartidas por el perímetro del edificio. No es que haya enterramientos en las capillas, sino que casi se puede decir que primero se llegó a un acuerdo para la adquisición del espacio y luego se establecieron, encima de los enterramientos, las capillas correspondientes, con sus distintas advocaciones. Es el caso de una de las más conocidas, la del Inca Garcilaso de la Vega. Ahora es para todo el mundo la capilla de las Ánimas, aunque lo fue cuando la familia que había tomado este espacio le dio el aspecto actual. Como recordó González Torrico, quienes recibían uno de los espacios para hacer su enterramiento podían hacerlo mediante una fosa en el suelo, de un metro y medio de ancho, o por el más usual procedimiento de hacer una cripta, generalmente con escaleras y una anchura de tres por tres metros. A lo largo de todo el perímetro del templo están estas capillas, cuyo mantenían las mismas familias, con la entrega de una renta para decir misas. Así, González Torrico explicó que en un solo año, en cuatro altares se podían decir un total de 29.500 misas, con lo que se dejaba en las herencias. Las capillas se llenaron de retablos, esculturas y cuadros, y en las rejas se colocaron los escudos de cada una de las familias, pues eran parte de su propiedad. Calaveras y escudos se reparten por igual en su iconografía. Las familias se ocupaban del mantenimiento de los mausoleos y así han llegado hasta el día de hoy, cuando muchas de ellas habían renunciado ya a su cuidado. En ese caso, pasan a propiedad del Cabildo, que ha restaurado muchas de ellas en los últimos años,, incluidos los testimonios de sus propietarios. Otras, las menos, sí siguen teniendo dueños, «y en los últimos años se ha seguido enterrando allí a personas», además del que fue obispo de la diócesis entre 1978 y 1995, José Antonio Infantes Florido, que yace en un mausoleo en la capilla de la Conversión de San Pablo.
Catedral Cordoba

Patrocinadores

Patrocinadores

W3C W3C W3C Ayuntamiento de Córdoba Capital Europea de la Cultura 2016 Turismo de Córdoba