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La vida eterna: la meta del cristianismo

13 de Noviembre de 2016
Iglesia en Córdoba 532

El Símbolo de los Apóstoles, presentado por el Catecismo de la Iglesia Católica en la primera parte, "culmina en la proclamación de la vida eterna" (§988). "El cristiano que une su propia muerte a la de Jesús ve la muerte como una ida hacia Él y la entrada en la vida eterna" (§1020). Se trata del artículo del Credo que concierne el estado final de los creyentes, las realidades últimas.
Se habla, por tanto, del "Juicio particular" (§§1021-1022), del "Cielo" (§§1023-1029), de "la Purificación final o Purgatorio" (§§1030-1032), del "Infierno" (§§1033-1037) y, finalmente, del "Juicio final" (§§1038-1041) con los "Cielos nuevos y la tierra nueva" (§§1042-1050).

EL JUICIO PARTICULAR
El Nuevo Testamento habla del juicio principalmente en la perspectiva del "encuentro final con Cristo en su segunda venida; pero también asegura reiteradamente la existencia de la retribución inmediata después de la muerte de cada uno como consecuencia de sus obras y de su fe" (§1021). "Cada hombre, después de morir, recibe en su alma inmortal su retribución eterna en un juicio particular que refiere su vida a Cristo, bien a través de una purificación, bien para entrar inmediatamente en la bienaventuranza del cielo, bien para condenarse inmediatamente para siempre" (Catecismo 1022).

EL CIELO
El Catecismo de la Iglesia Católica habla del premio eterno, en los términos de un "estar con Cristo", donde "los elegidos viven 'en Él', aún más, tienen allí, o mejor, encuentran allí, su verdadera identidad, su propio nombre" (§1025); "el cielo es la comunidad bienaventurada de todos los que están perfectamente incorporados a Él (el Cristo)" (§1026). La visión beatífica de los elegidos es también ella un don de Dios, posible sólo cuando y porque "Él mismo abre su misterio a la contemplación inmediata del hombre y le da la capacidad para ello" como manifestación gratuita de su misterio trascendente e infinito (§1028). "Esta vida perfecta con la Santísima Trinidad, esta comunión de vida y de amor con Ella, con la Virgen María, los Ángeles y todos los bienaventurados se llama 'el cielo'" (Catecismo de la Iglesia Católica §1024).

EL PURGATORIO
Los hombres "que mueren en la gracia y en la amistad con Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del Cielo" (§1030). Esta purificación
es llamada por la Iglesia Purgatorio o 'fuego purificador' (cf. §1031) todo centrado en el amorcaridad y es algo completamente distinto, ya que no tiene nada que ver, con el castigo de los condenados.

EL INFIERNO
"No podemos estar unidos con Dios" salvo que elijamos libremente amarlo (§1033). También en este caso la perspectiva con que el Catecismo de la Iglesia Católica toma en consideración el estado de los condenados es la de una relación con Cristo, en este caso de rechazo. El Catecismo de la Iglesia Católica reafirma decididamente la fe de la Iglesia en la existencia del infierno y de su eternidad (cf. §1035), que encuentra su motivación en los reiterados discursos de Jesús acerca de la posibilidad real de condenación (cf. §1034). Supone la verdad de `la posibilidad real de la salvación en Cristo para todos los hombres' (Redemptoris Missio §9); mientras que la condenación eterna es una posibilidad real basada en la libertad humana de optar por el bien o por el mal. Benedicto XVI nos recuerda: "Jesús vino para decirnos que quiere que todos vayamos al paraíso, y que el infierno, del que se habla poco en nuestro tiempo, existe y es eterno para los que cierran el corazón a su amor" (Homilía 30 marzo 2007). La voluntad misericordiosa de Dios, en efecto, no quiere "que nadie perezca, sino que todos lleguen a la conversión (2Pedro 3,9)" (§1037).
La verdad del infierno eterno supone la existencia y la acción del maligno: "El maligno intenta siempre arruinar la obra de Dios, sembrando división en el corazón humano, entre cuerpo y alma, entre el hombre y Dios, en las relaciones interpersonales, sociales, internacionales, y también entre el hombre y la creación. El maligno siembra guerra; Dios crea paz" (Benedicto XVI, Angelus del 22 de julio de 2012).

EL JUICIO FINAL Y EL COSMOS RENOVADO
El Juicio Final es, según la doctrina católica, la manifestación del "bien que cada uno haya hecho o haya dejado de hacer durante su vida terrena" (§1039). Dicho juicio acontecerá en coincidencia con la venida gloriosa de Nuestro Señor Jesucristo (§1046). Es un misterio cuándo sucederá; será el triunfo de la justicia de Dios sobre todas las injusticias cometidas por sus criaturas. Esto llama a los hombres a la conversión cotidiana, al santo temor de Dios, a las obras de justicia y de caridad (cf. §§1040-1041). Después del Juicio Final, los justos reinarán para siempre con Cristo, glorificados en cuerpo y alma y el mismo universo será renovado (§1042). Se realizará plenamente la comunión de todos los hombres en unidad, sin las heridas del egoísmo, del pecado y de las pasiones (cf. §1045). El cosmos, el universo visible será transformado, participando en la glorificación de Jesucristo resucitado (cf. Rm 8,19-23) (cf. §§1046-1047).

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