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Altar de SAn Isidoro, San Leandro y San Ignacio

14 de Febrero de 2016
Iglesia en Córdoba 500 ImagenContinuando la exploración de las naves de nuestra Catedral encontramos este altar, que nos describe, como de costumbre, M. Nieto Cumplido [La Catedral de Córdoba, p. 483]: El retablo de San Isidoro (también llamado Isidro) y San Leandro se colocó en este lugar, a espaldas del de San Gregorio , en 1611. El nuevo altar y retablo fue costeado por don Fernando Carrillo, presidente del Consejo de Indias [...] Sin embargo, los dos santos sevillanos no aparecen hoy en él. Refiere L. M. Ramírez de las Casas-Deza, quien intentó hacerse del patronato de este altar en 1847, que "hallándose muy deteriorado su retablo mandó hacer el que ahora tiene y renovó el altar el prebendado don José Roncali. Tiene un cuadro grande que representa a los titulares (San Ignacio y San Francisco Javier) arrodillados, sosteniendo un globo sobre el que está sentado un Niño Jesús; y acaso sea obra de don Antonio (Álvarez) Torrado (+1806). Por bajo hay tres cuadros pequeños que representan a San Rafael, Nuestra Señora de los Dolores (también de Álvarez Torrado) y la Transverberación del corazón de Santa Teresa de Jesús (obra de Juan Pompeyo), que parecen de otra mano". [...] El retablo se halla hoy en uno de los pilares de la antigua Mezquita de Abd al-Rahman I, nave 16, desde que en 1932 don Félix Hernández hiciera las excavaciones del subsuelo donde se encontraba este altar, nave 8. En el lienzo principal del retablo, el Divino Niño, en un claro de cielo rodeado de nubes, yanqueado por los dos grandes santos jesuitas acompañado de algunos ángeles, nos muestra su Sagrado Corazón. Debajo de Jesús, entre los dos santos, otro ángel niño sostiene un libro abierto que contiene la inscripción Ad maiorem Dei Gloriam, es decir, "a la mayor Gloria de Dios", lema de la Compañía de Jesús. Estamos, pues, en una época en la que se afianza la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, en cuya difusión tanto han trabajado los jesuitas, grandes defensores de la espiritualidad católica amenazada por el jansenismo, desde San Claudio de la Colombière, padre espiritual de Santa Margarita María de Alacoque, la monja visitandina que, en 1673, obtuvo el privilegio de recibir las revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús. Los otros tres lienzos muestran, el central, a la Santísima Virgen de los Dolores, representada de medio cuerpo, con las manos cruzadas sobre el pecho y la dolorida mirada dirigida al cielo. La imagen adquiere un gran valor devocional, recortada sobre un fondo neutro. A la izquierda, se situa el episodio de la transverberación de Santa Teresa, momento culminante de su intimidad con Dios, que tuvo gran fortuna en la historia del Arte. Por último, a la derecha aparece el Santo Arcángel Custodio de Córdoba, que ha sabido ganarse la devoción de los cordobeses hasta el punto de poblar retablos y torres por toda la Ciudad. Vemos que tampoco la Catedral es una excepción. Lo encontrábamos, como recordarán, en la capilla de San Agustín y Santa Eulalia de Mérida, y, además de en otros lugares, descuella glorioso sobre el gran campanario. Volviendo al lema de los jesuitas, no resulta desatinado tomarlo como frase que nos anide a caminar en la vida. Verdaderamente, si hacemos el propósito firme de dirigir todas nuestras acciones y operaciones, pensamientos, palabras, obras, alegrías y sufrimientos a la mayor gloria de Dios, podremos estar seguros de que nuestros esfuerzos revertirán también en mayor bien de nuestros hermanos y, consecuentemente, en mayor felicidad nuestra.
Catedral Cordoba

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