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La Mezquita-Catedral, símbolo de una ciudad

21 de Enero de 2016
Diario Córdoba ImagenCórdoba es una ciudad para pasear. En Córdoba el paseo es la excusa perfecta para descubrir sus encantos y rincones. De este modo, el paseo de actividad se transforma en actitud. Bien en agradable conversación o bien en recogedor silencio, la ciudad se enseña y descubre para el visitante a velocidad de paso, sin prisa, sin ruido. Y de repente, desde el dédalo de calles que dan forma a la Judería y a su vecina Axerquía, surge la gran Mezquita-Catedral. Sus muros recuerdan a una fortaleza medieval. Sin embargo, su interior ha custodiado el rezo del hombre desde mediados del siglo VI, cuando en su solar se construyó la primitiva basílica visigoda de San Vicente. A partir de dicha basílica, Abderramán I mandó edificar la primitiva Mezquita fundacional, la aljama de Córdoba, en el año 786. Pero la Mezquita-Catedral no es sólo un edificio omeya. Es un espacio sagrado donde el. hombre ha sentido el misterio de Dios, la emoción íntima y trascendente común a todas las culturas que ha motivado la construcción de monumentos tan excepcionales como éste. Así se han sucedido a lo largo del tiempo, sin interrupción, distintos cultos y sensibili-dades que confieren al lugar esa marcada percepciOn de cercanía de lo divino. Y además de toda esa carga de espiritualidad, en la Mezquita-Catedral de Córdoba se revela otra realidad de manera rotunda: el mestizaje. Configura un espacio donde convergen influencias de Roma, de Siria y de Bizancio con el arte califal para, pasado el tiempo, recibir al Renacimiento y al Barroco. Multitud de sensibilidades en constante conversación. Diferentes estilos dialogando entre sí en inalcanzable búsqueda de unidad. Este sublime juego desemboca en un incomparable espacio dotado de una atrayente perfección y armonía. Eso es la Mezquita-Catedral de Córdoba. La Mezquita-Catedral es una evocación de la luz divina. Luz tenue que invita al recogimiento en el antiguo oratorio musulmán y que se torna en esplendor y júbilo cuando inunda con su fuerza el crucero cristiano. Diversos lenguajes, diversas luces, la misma búsqueda del misterio de lo sagrado y el esplendor de la liturgia católica a lo largo de los siglos. Y al fin, este edificio nos propone un encuentro que tiene que ver con el reconocimiento, la admiración hacia el otro y la comprensión de las realidades que ayer, igual que hoy, acontecen al ser humano. Se trata, por lo tanto, de un templo que guarda en su interior el espíritu de la ciudad. Un espíritu de convivencia y armonía que se manifiesta en un lenguaje único y excepcional que ilumina al mundo: la belleza. Por todo ello, la Mezquita-Catedral de Córdoba es Monumento Nacional desde el siglo XIX, concretamente del año 1882. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1984 y en junio de 2014 elevó su calificación a Bien de Valor Universal Excepcional, reconociendo que el uso religioso del templo ha asegurado la preservación del monumento. Por lo tanto, el Cabildo Catedral de Córdoba, sensible al patrimonio cultural y consciente de la importancia del legado recibido, continúa, desde el año 1236, centrando sus esfuerzos en la conservación, la restauración y la difusión del templo, lo que ha hecho posible que este monumento perviva hasta nuestros días.
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