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Altar de San Gregorio

10 de Enero de 2016
Iglesia en Córdoba 495 ImagenSi, por lo general, como vamos comprobando, las capillas y altares de nuestra Catedral son de reducidas dimensiones —exceptuando algunas de ellas y, evidentemente, el grandioso crucero—, debido sobre todo a la escasa altura de la antigua Mezquita, hoy conoceremos el que es, sin duda, el más pequeño altar —o lo que queda de él— de entre todos los que hemos visitado hasta ahora, tan sólo comparable al célebre del Cautivo. M. Nieto Cumplido [La Catedral de Córdoba, p. 475] indica que el altar, del que aún quedan testimonios en el lugar, estuvo situado en el intercolumnio oriental del arco de la nave 18, desde donde se entraba al antiguo coro por el postigo del Deán. Fue instituido por el canónigo Alvar Alfonso de Astorga en 1496, según reza la inscripción que aquí existe: "Sepultura de / Alvar Alfonso / de Astorga ca / nonigo en las e / glesyas de Cor / dova e Astorg / a indigno sace / rdote criado / e fechura de do / n Sancho de / Roias de buen / a memoria / obispo de Co / rdova que Di / os por su mi / sericordia pe / rdone xtian / nos rogad / por mi a Dios en / quien sienpre / yo creo e crei". Lleva un relieve con la Misa de San Gregorio al que rodeaba una inscripción en negro totalmente perdida. Al pie, los escudos de la familia.
Acerca de este pequeño altar volveremos a tener noticias en 12 de septiembre de 1508 en el testamento de un sobrino del fundador, Juan Alfonso Segura de Astorga, canónigo. Pide ser enterrado junto a su tío, "debaxo del arco donde agora está la imagen de la Piedad y figura del bienaventurado sant Gregorio e los tres Reyes Magos.
El relieve representa una antigua tradición según la cual, mientras celebraba misa San Gregorio I Magno [590-604] en la basílica de la Santa Cruz de Jerusalén, en Roma, uno de los que asistían dudó de la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. Cristo entonces se le apareció al papa en el altar, rodeado de los instrumentos de su Pasión y mostrando sus estigmas, de los que brotaba su preciosa sangre. El tema se popularizó sobre todo en los siglos XV y XVI, cuando surgieron algunas herejías contra la fe en este misterio, como una respuesta de los católicos a aquellos que atacaban la misma esencia de las palabras de Jesús, quien, además de instituir explícitamente la Eucaristía, como recogen los evangelios sinópticos, afirma: en verdad, en verdad os digo: si no coméis la Carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. [...] Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él [Jn 6, 53-56].
En el relieve, algo ingenuo, que constituye, junto a la lápida gi , el exiguo conjunto, destaca la poderosa figura de nuestro Señor Jesucristo, de medio cuerpo, con el torso desnudo y coronado de espinas, que observa al espectador mientras toca su costado con la mano derecha. Delante, el altar ante el que se encuentra celebrando la Misa San Gregorio Magno, que sostiene la forma consagrada en sus manos. Sobre el altar, se han dispuesto el cáliz y un libro litúrgico. En el fondo, aparecen las habituales arma Christi: la escalera, los azotes, los clavos y el martillo. A la izquierda, aparece un santo barbado, que porta en su mano la cruz en forma de aspa, —lo que indica que se trata de San Andrés—. El Santo Apóstol presenta en la escena a una pequeña figura arrodillada: nos hallamos ante el comitente, es decir, Alvar Alfonso de Astorga; el mismo que se reconoce indigno sacerdote, pero que, a la vez, profesa su fe no sólo en Dios y en la Eucaristía, como demuestra el pequeño relieve de su altar, sino también en la comunión de los santos y en la fuerza y el valor inconmensurables de la oración.
Catedral Cordoba

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