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Capilla Real (2 de 2)

27 de Diciembre de 2015
Iglesia en Córdoba 493

Con el propósito de despertar mayor interés, dejábamos pendiente la semana pasada la explicación del motivo por el cual la Capilla Real de nuestra Catedral presenta un nivel de pavimento tan elevado. La razón es evidente cuando nos percatamos de la existencia de una cripta que, aunque situada a un nivel inferior al del suelo de la Catedral, se eleva sin embargo por encima de éste. En sus frentes Norte y Sur se abren tres arcos sobre pequeñas columnas con capiteles o , que enmarcan la reja que delimita el recinto interior. En relación a este espacio, hoy utilizado como dependencia de la Sacristía de la Catedral, sabemos por M. Nieto Cumplido [La Catedral de Córdoba, 460-467] que en 1540 el Cabildo había permitido al arcediano don Francisco de Simancas, con carácter de préstamo, que pudiera enterrar en la parte baja de la Capilla Real los restos de sus padres y familiares difuntos. En esta ocasión se la llama "la capilla que está debaxo de la de los Reyes". No mucho después, Diego de Pineda, hijo de Pedro de Pineda, dotó y fundó en este mismo lugar una capellanía, titulada de los Dos Santos Juanes, dejando testimonio de ello en su testamento otorgado a 18 de noviembre de 1575 ante Miguel Gerónimo. También recibe el nombre de Capilla Real Baja. Surge, no obstante, otra pregunta: ¿Cómo se accedía a la parte superior de la Capilla Real? Como es habitual, acudamos a D. Manuel: El acceso a la planta alta de esta capilla, desde siempre —dato importante para la historia de su construcción—, se hacía desde las dos puertas —hoy ventanas— de su costado occidental, a las que se tenía acceso desde el presbiterio de la capilla de Villaviciosa, hoy desaparecido. Es decir, que al destruirse en 1879 el antiguo presbiterio elevado de la Capilla de Villaviciosa —del que quedan algunas trazas en la misma—, desapareció también el acceso natural a la planta alta de la Capilla Real. Aún así, a través de las antiguas puertas —hoy ventanas— del costado occidental o de los grandes arcos situados al Norte y al Sur ifi , podemos admirar la belleza mudéjar del conjunto iffi . Comprobaremos, así, que en la hornacina central de la capilla —decorada con estrellas doradas de 8 puntas sobre fondo azul, y rematada por dos leones— se encuentra hoy una imagen de San Fernando del siglo XVIII. El Santo conquistador de Córdoba —a quien debemos en primera instancia la conservación de la antigua Mezquita, al haberla entregado a la Iglesia para que fuera consagrada como templo cristiano en 1236, y luego elevada a Catedral en 1239—, aparece con sus insignias reales —corona, manto y orbe en la mano—, ataviado con armadura y blandiendo la espada desenvainada, que simboliza la defensa de la fe. A pesar de su gloriosa historia, la Capilla Real está ahora vacía. En efecto, los restos mortales de los monarcas —conservados en dos cajas en la parte alta— estuvieron en esta capilla hasta la noche del 8 de agosto de 1736 en que se trasladaron procesionalmente a la Colegiata de San Hipólito por disposición de Felipe V, y los capellanes reales se llevaron consigo todo el patrimonio mueble de la capilla. Sin embargo, permanece en el edificio, a través del matizado esplendor de esta Capilla, el recuerdo vivo de la gran vinculacion que los reyes de Castilla mantuvieron con nuestra Catedral, a la que acudieron a rezar, a presidir Cortes o, como en el caso de Fernando IV y Alfonso XI, a descansar tras la muerte, en la espera de la Resurrección.

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