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El tesoro catedralicio

01 de Noviembre de 2015
Diario Córdoba

Iniciamos nuestro paseo de hoy junto al Museo de San Clemente, magnífica iniciativa de Manuel Nieto Cumplido, canónigo archivero de la Catedral, donde, desde 1996 se exponen relieves y portadas de capillas desmanteladas, marcas de canteros y restos de elementos arquitectónicos procedentes de restauraciones.

La capilla de Santa Teresa
Está cerca del museo. Fray Pedro de Salazar, el cardenal Salazar, nació en Málaga en 1630 y estudió en Salamanca. Con 50 años fue obispo de Salamanca y de la Capilla Real de Madrid. En 1686 pasó a ser cardenal y obispo de Córdoba hasta su muerte en 1706, dejando el recuerdo de obras como el Hospital de Agudos y el Convento de la Merced. Quiso ser enterrado en Córdoba, por lo que fundó la capilla de Santa Teresa en 1697, apoyada en el muro de qibla de la Mezquita de Alhaken II. Se ocupó personalmente de su construcción, que encargó a Francisco Hurtado Izquierdo, arquitecto de Lucena (Córdoba), que impuso su estilo barroco. Por una gran portada de mármol se entra en la capilla, que tiene forma octogonal y dos niveles. En el nivel inferior está la cripta para el enterramiento del cardenal Salazár y familiares. Tiene forma elíptica y sus muros presentan varios altares y cuadros de Juan Pompeyo. Sigue su uso como Sala Capitular. En el nivel superior de la capilla destacan los grandes lienzos de Acisclo Antonio Palomino, una escultura orante del cardenal Salazar, bajo un dosel en su monumento funerario, y el retablo principal que está presidido por una imagen de Santa Teresa, con la Paloma del Espíritu Santo. El espacio está articulado sobre pilastras y arcos y sobre ellos una hermosa cúpula decorada por Teodosio Sánchez de Rueda y grandes ventanas que iluminan el interior. En el centro de la capilla, la Custodia del Corpus, realizada por el platero alemán Enrique de Arfe en 1518 con forma de torre de 2,62 metros de altura, de estilo gótico con pilares flamígeros de gran belleza y una base poligonal con escenas de la vida de Cristo, que sale en procesión al menos una vez al año. Por una puerta lateral se pasa al Tesoro catedralicio. Allí se exhiben piezas de orfebrería en vitrinas y, en muebles y estanterías las piezas de mayor tamaño, entre las que destaca por antigua el crucifijo de cobre del obispo Fitero, primero en Córdoba después de la Reconquista. Se exponen relicarios de filigrana, plata o cristal de roca, cruces procesionales (una de Arfe) medallones, dos juegos de portapaces, atriles de plata de Pedro Sánchez de Luque como la cruz del obispo Mardones y una urna eucarística y esculturas en plata de Damián de Castro.

Catedral Cordoba

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