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De Céspedes y el caballo español

01 de Noviembre de 2015
Diario Córdoba

Pablo de Céspedes fue un escultor, pintor, escritor, poeta, arquitecto y racionero de la Catedral del Córdoba, que vivió en la segunda mitad siglo XVI y principios del XVII. Nacido sobre 1538 o 1540, según algunas fuentes, en Córdoba, adquirió una importante formación humanista en la Universidad de Alcalá de Henares, donde el futuro racionero se graduó en las disciplinas de Teología y Artes. Fundamental para su formación y para el desarrollo de su obra en las diferentes facetas de las artes que ejerció fueron sus dos estancias en Italia, residiendo principalmente en Roma, con un primer período en la capital romana entre 1559 y 1566, que se completó con una segunda permanencia que concluyó sobre 1575. Este primer y principal valedor del Renacimiento italiano en los reinos de España dejó huella en Roma de las diferentes facetas artísticas que desempeñó, siendo uno de los primeros pintores españoles en dominar las técnicas de pintura al fresco, dejando constancia de su trabajo en la iglesia de la Trinidad de los Montes, en la Piazza di Spagna de la capital romana, donde se encargó de la decoración completa de la capilla de la Asunción; los ángeles de la iglesia de Santa María de Aracoeli, o una estatua de otro cordobés ilustre, como De Céspedes, que vivió en Roma, Lucio Anneo Séneca. En 1577 estaba de regreso en Córdoba, donde obtuvo una prebenda o ración en la Catedral, residiendo temporalmente en Sevilla, por motivos eclesiásticos -aunque precisamente uno de sus principales biógrafos, Francisco Pacheco, maestro de Velázquez y admirador del pintor cordobés, habla de que no decía misa, al igual que otro genio del arte que nació 70 años después del fallecimiento de De Céspedes, el compositor musical italiano Antonio Vivaldi- ciudad que alberga parte importante de su obra pictórica. También en Córdoba dejó numerosa muestra de pintura -incluidos Bujalance, Fuente Obejuna y Montemayor- destacando el cuadro de la Sagrada Cena, que se encuentra en la Catedral de Córdoba, datado en 1595.
El racionero cordobés, como era conocido en ciertos ambientes Pablo de Céspedes, produjo una importante obra literaria, destacando El poema de la pintura. Murió en Córdoba el día 26 de julio de 1608, estando enterrado en la Mezquita-Catedral, frente a la capilla de San Pablo. Su obra pictórica y escultórica se encuentra en Rusia, Inglaterra, Francia, Italia y España.
EL CABALLO ESPAÑOL
Siete años antes del regreso definitivo a Córdoba de Pablo de Céspedes, en 1570, se edifican las Caballerizas Reales de Córdoba, por orden expresa del monarca habsburgo Felipe II, para crear el caballo español. El experimento genético más importante de finales del siglo XVI y principios del XVII tiene lugar en Córdoba, dirigido por el caballerizo mayor del reino don Diego López de Haro, marqués de El Carpio, y en un edificio vecino a la Mezquita-Catedral, las Caba-llerizas Reales cordobesas.
Pablo de Céspedes, al acudir a la Catedral cordobesa tuvo que cruzarse con los productos obtenidos por López de Haro en el edificio, que junto a la "iglesia mayor", era el más representativo de la ciudad, las Caballerizas -según los viajeros que visitaron Córdoba en el siglo XVII-, además de conocer al marqués de El Carpio.
El racionero De Céspedes, con la vasta cultura renacentista adquirida en Italia y su sensibilidad innata, escribió su celebrada obra El poema de la pintura, significando la crítica de la época los versos que compuso al caballo, a los que comparó con los que Virgilio dedicó al noble animal. Versos escritos en Córdoba -poema que se adjunta en la columna de la derecha-, en los que realiza una exposición magnífica sobre la pintura y en los que define por primera vez y de primera mano el impacto que causó el caballo español creado por López de Haro. Un caballo bello, equilibrado, noble, de gran corazón que transmitía en su mirada; un caballo para reyes, marcial, pero un caballo para la paz. En pintura, el sevillano Diego Velázquez lo interpretó en el lienzo, destacando la obra ubicada en el Palacio Real de Madrid Caballo blanco, ejemplar de caballo de pura raza española, creada por López de Haro y contemplado por Pablo de Céspedes al final de sus días, y retratada, cerca de cinco siglos después, por el fotógrafo ecuestre Ramón Azañón en el Picadero Cubierto de las mismas Caballerizas Reales donde surgió este noble animal, un ejemplar de Córdoba Ecuestre, testimonio actual y testigo de la época de Velázquez y Pablo de Céspedes.

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