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Capilla de Santo Tomás apóstol

01 de Noviembre de 2015
Iglesia en Córdoba 485

En tomo a la Navidad visitábamos la capilla de Jesús María y José, que se encuentra en el exterior del lado norte del crucero de la Catedral. La siguiente, con la que terminamos las capillas que rodean el crucero, es la dedicada al apóstol Santo Tomás, uno de los doce primeros discípulos que siguieron a jesús.
El fundador de la capilla fue don Tomás Carrillo de Mendoza, lo que explica la dedicación al santo homónimo. M. Nieto Cumplido [La Catedral de Córdoba, p. 446] nos dice que la ubicación y hechura de la capilla consta por acta capitular de 4 de mayo de 1629 en la que se atiende a una petición de Juan de Aranda Salazar, maestro del retablo [...] La noticia nos informa de que en 1629 se ha hecho la obra de cerramiento y ésta ha sido dirigida por un maestro importante, Juan de Aranda.
Como en la capilla vecina, el exiguo espacio frontal está ocupado por el retablo, en el que destaca la pintura en lienzo que representa el más famoso episodio de la vida del Santo: la llamada Incredulidad de Santo Tomás. Esta pintura, que ha sido elogiada, admirada y atribuida a Pedro Orrente (Murcia 1580-Valencia 1645) [...] Está realizada, como ha escrito M. A. Raya, con factura seca, dibujo de línea prieta y paleta terrosa, textura en la que predomina una gama de color rojo, ocre pardo. Las figuras han sido concebidas en primer plano, con gran ampulosidad, y muestran el momento en que Cristo enseña a Santo Tomás la llaga del costado (Io. 20, 26-29). Fue muy frecuente, durante la Edad Moderna, representar esta escena. En ella, la inicial incredulidad del Santo se convierte en verdadera fe, pues reconoce a Jesús no sólo como a su Señor, el hombre milagrosamente resucitado, sino como al mismo Dios que se ha hecho hombre. Tal fue la fuerza de esa fe, que Santo Tomás llegó, como los demás apóstoles, a dar la vida por Cristo, en la lejana India, donde había predicado. Es la escena que aparece representada en la pintura que corona la bóveda de nuestra capilla, en la que se observa un grupo de bárbaros que ataca al Apóstol, mientras éste se encontraba arrodillado ante el altar. Un ángel es testigo, y en el paisaje que se advierte a la derecha, se puede contemplar una lejana ciudad, seguramente Coromandel, en cuyas cercanías sufrió martirio el Santo. Aunque algunas tradiciones le hacen morir a espada, en esta ocasión, como mostró el hallazgo de sus reliquias, su costado es atravesado por una lanza. Lanza como aquella que atravesó el costado de su Maestro, cuya herida, ya no horrenda, sino gloriosa en su bendito Cuerpo resucitado, fue invitado a tocar. En esta representación de los dos más importantes hechos de la vida del Santo, el devoto fundador pretendió sin duda hacer patente, por una parte, la debilidad del pecador que duda ante el misterio,pero que se ve confortado en su fe por la gracia de Dios; y por otra,que el objetivo de todo cristiano en esta tierra es dar la vida por Cristo, aquí o, como el Santo, en la India; vertiendo la sangre de forma violenta o entregándola día a día, gota a gota. Ciertamente, nuestros misioneros y tantísimos otros cristianos, hermanos nuestros, que todavía hoy son perseguidos por ser discípulos de nuestro Señor Jesucristo, nos demuestran cada día que éste es el verdadero destino del cristiano: dar la vida por Cristo y obtener así, por la misericordia de Dios, la vida eterna.

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