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Capilla del Ángel Custodio o del Ángel de la Guarda

18 de Octubre de 2015
Iglesia en Córdoba 483

Sobre la segunda capilla del trasaltar, M. Nieto Cumplido [La Catedral de Córdoba, p. 443] señala que la primera fecha para su historia es la de 10 de noviembre de 1531: "Este día mandaron sus mercedes de los señores deán y cabildo que la vocación y fiesta del Angel de la Guarda, que el canónigo Diego Vello tiene dotada, se haga en la capilla nueva en las espaldas del altar mayor nuevo donde tiene señalada su sepultura". Es, pues, la primera de las tres que se ocupa, pero el testimonio documental aún no habla de fundación alguna. Ello se hará, en primer lugar, con la fundación de una capellanía aprobada por el papa Clemente VII con bula de 1 de mayo de 1532. La creación de la capilla se hizo en 12 de junio de este mismo año, sus constituciones se aprobaron en 6 de abril de 1546 y se conoce el testamento y un codicilo del fundador, de origen sevillano, de 3 de abril de 1548 ante Alonso de Toledo, escribano público [...]. Por último, el fundador fallece el 13 de agosto de 1548, hecho que conmemora la inscripción sepulcral con escudo central que hay al pie del altar. Todo parece demostrar que había dejado concluida su capilla. En su interior, destaca el relieve en madera tallada y policromada que representa el Descendimiento o Piedad, que apoya en un banco dorado plateresco. La Virgen María sostiene a Jesús muerto en sus brazos, rodeada de dos Marías y San Juan. La escena representada aquí no es otra que la llamada Quinta Angustia. Corresponde al momento en que Jesús muerto es puesto en brazos de su Santísima Madre. La Santa Cruz, que se destaca al fondo, aún conserva el titulas crucis, y María Magdalena sostiene en sus manos el habitual pomo de perfume, mientras se apresta a embalsamar el divino cuerpo de Nuestro Señor.
Sin embargo, como sabemos, la capilla está dedicada al Santo Ángel de la Guarda. Ciertamente, los cristianos creemos, por Revelación, que los ángeles existen; así lo afirma inequívocamente Nuestro Señor Jesucristo, y así lo recoge el Catecismo de la Iglesia Católica [nº 328]: La existencia de seres espirituales, no corporales, que la Sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe. El testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición. Pero no sólo. También afirmamos que esos seres espirituales no viven ajenos a nosotros, sino que nos protegen; veamos lo que dice al respecto el Catecismo: [n° 334]: De aquí que toda la vida de la Iglesia se beneficie de la ayuda misteriosa y poderosa de los ángeles (cf Hch 5, 18-20). —Los cordobeses, verdaderamente, lo sabemos muy bien, por la cercanía de nuestro Arcángel Custodio, San Rafael—; así, como afirma el Catecismo: [n° 336] Desde su comienzo (cf Mt 18, 10) hasta la muerte (cf Lc 16, 22), la vida humana está rodeada de su custodia (cf Sal 34, 8) y de su intercesión (cf Jb 33, 23-24). <<Nadie podrá negar que cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducir su vida>> (San Basilio Magno, Adversus Eunomium, 3). Desde esta tierra, la vida cristiana participa, por la fe, en la sociedad bienaventurada de los ángeles y de los hombres, unidos en Dios. Por eso, como han hecho en los siglos pasados tantas generaciones de cristianos, tengamos, también nosotros, una firme devoción a nuestro Santo Ángel de la Guarda.

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