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Capilla de San Bernabé

11 de Octubre de 2015
Iglesia en Córdoba 482

Rodeando la grandiosa y refulgente mole del crucero por el costado derecho, es decir, el de la Epístola, accedemos a tres pequeñas capillas de bajo techo situadas a la espalda del altar mayor de la Catedral. La primera de ellas está dedicada a San Bernabé, el apóstol compañero de San Pablo en sus correrías evangelizadoras. M. Nieto Cumplido [La Catedral de Córdoba, p. 442-443] opone que esta capilla es colindante con la puerta de la sacristía del altar mayor, a espaldas de la capilla mayor. [...] En 26 de marzo de 1541 el fundador, D. Diego Fernández de Argote, contrata con el maestro francés Jacques Luquin la hechura del retablo de mármol [...]. Este hecho permite que, a pesar de la pequeñez del espacio, la capilla atesore una de las joyas del Renacimiento en Córdoba, el espléndido retablo de mármol blanco, que se compone de arcosolio, mesa de altar y un cuerpo de tres calles. Pasemos a su descripción: El arcosolio apoya en dos pilastras ricamente decoradas en los cuatro frentes visibles; en el frente de las dos y entre pilastrillas, los relieves de San Sebastián y Santa Lucía, y, afrontados, los de San Miguel y Santa Catalina. La mesa de altar, con inscripción en el centro (Domine dilexi decorem domes tve), se compone de ésta y de los basamentos para las pilastras del arcosolio. En los basamentos, y bajo arcos de medio punto, dos virtudes con emblemas de la Pasión. En la mesa de altar, dos escudos del fundador y arcos en perspectivas de bellísima factura. El cuerpo del retablo se resuelve en tres calles separadas por dos columnas abalaustradas. En el registro lateral derecho, en relieve, el apóstol San Bernabé, y en el izquierdo, el apóstol San Matías. En el registro central, excelente Calvario con la Virgen y San Juan. Las calles laterales tienen un frontón curvo con las imágenes de San Pablo y San Pedo de medio cuerpo. Este rico programa iconográfico nos presenta, junto al habitual Calvario, los santos de devoción del comitente; pero de manera inteligente se unen San Bernabé y San Matías a los príncipes de los Apóstoles, porque, no lo olvidemos, San Bernabé fue acompañante de San Pablo y San Matías fue elegido, por iniciativa de San Pedro, como sustituto del malogrado Judas, para completar el imprescindible número de doce apóstoles [Hch 1, 15-26]. La inscripción del altar está tomada del salmo 26, 8, y puede traducirse como amo, Yahveh, la belleza de tu Casa. Es una declaración de fe del fundador, que, habiendo de ser sepultado en ese espacio, se preparaba ya en vida para gozar de la gloria del Cielo. Con ello, además, se nos recuerda la relación directa que existe entre el templo terreno y la Jerusalén Celeste. En efecto, cuando contemplamos los templos cristianos, nos engañaríamos si pensáramos que su belleza, grandiosidad y riqueza se debe sólo a un deseo de vanagloria o jactancia por parte del comitente. Es cierto que, en algunos casos, existía una determinada voluntad de emulación. Pero, por encima de todo, se trataba de dedicar omnia ad maiorem Dei gloriam, es decir, todo a la mayor gloria de Dios. Este es, como sabemos, el lema de los jesuitas, pero ha sido también, en la práctica, una constante en la fecunda historia del arte cristiano, que ha sabido, con ello, a lo largo de los siglos, crear cotas de belleza y esplendor inigualables en toda la historia del Arte; y todo, para dar una imagen de la gloria del Cielo, como se comprueba en la belleza y esplendor de nuestra Catedral, también ella destinada a la mayor gloria de Dios.

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