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Capilla de San Eulogio

20 de Septiembre de 2015
Iglesia en Córdoba 479 ImagenDe una manera u otra, a lo largo de nuestro recorrido por las capillas de la Catedral hemos mencionado varias veces la presencia de diversas escenas de martirio, que, sea en pintura o en escultura, lo muestran cómo el camino supremo por el cual, entregando la vida, el cristiano imita a Cristo y recibe la palma y la corona del triunfo. Pues bien: después de visitar la capilla dedicada al primero de los mártires de Cristo, San Esteban, que murió en Jerusalén en torno al año 34, es decir, poco después que su Maestro, continuamos hoy con la consagrada a un mártir local, San Eulogio de Córdoba. Ciertamente, nuestra Diócesis posee un abundante plantel de mártires de distintas épocas, desde los que fueron sacrificados en tiempos de Diocleciano, a principios del siglo IV, hasta los más recientes, durante la Guerra Civil, cuyo proceso de beatificación está abierto, aunque algunos de ellos han sido ya elevados a los altares, como los jóvenes beatos Victoria Díez y Bartolomé Blanco. Del mismo modo, también en la época musulmana muchos cristianos, cordobeses y foráneos, fueron asesinados por causa de su fe. Entre ellos, destaca la figura de San Eulogio, que a sus facetas como escritor y divulgador de obras clásicas y cristianas en al-Andalus, intrépido viajero y preconizado arzobispo de Toledo, unió la de defensor de la fe, confortando y alentando a aquellos que, bien por confesar su credo, bien por ser acusados de abandonar el Islam -al ser, aunque cristianos, hijos de musulmanes-, fueron enviados al patíbulo; finalmente, él mismo alcanzó la gloria del martirio en el año 859.
Pasemos a conocer su capilla. Como de costumbre, la describe M. Nieto [La Catedral de Córdoba, p. 436-437]: El retablo de mármol rosa, enmarcado por dos columnas estriadas y capiteles jónicos —cuya traza es atribuible al hermano Alonso Matías, S.J. en los años 1618-1825-, se compone exclusivamente de un gran lienzo—adquirido posiblemente por el fundador durante su estancia en Madrid- que representa al gran mártir cordobés fallecido en el año 859, firmado por Vicente Carducho (Florencia 1576-Madrid 1638). El santo aparece sentado ante una mesa en la que escribe. Un ángel sobre su cabeza le muestra la coronas del martirio. En el ángulo inferior izquierdo, el báculo, capa y mitra como arzobispo electo de Toledo. Al fondo está plasmada la escena de su martirio, destacada por el coro de ángeles. Pero, ante tantos ejemplos de martirio en nuestra Diócesis y en el mundo, podríamos preguntarnos: ¿es todavía válido que una persona pierda la vida por defender unas creencias? ¿No va esto contra la tan traída y llevada tolerancia? Veamos que dice el Magisterio de la Iglesia: El martirio es el supremo testimonio de la verdad de la fe; designa un testimonio que llega hasta la muerte. El mártir da testimonio de Cristo, muerto y resucitado, al cual está unido por la caridad. Da testimonio de la verdad de la fe y de la doctrina cristiana. Soporta la muerte mediante un acto de fortaleza. [Catecismo, 2473]. El martirio, pues, no es algo propio de otras épocas. Nuestros hermanos cristianos de Irak, Siria, Senegal o Kenia, entre otros muchos, que en la actualidad prefieren abandonar sus casas e iglesias, e incluso perder la vida antes que renunciar a su fe, se encargan de recordárnoslo.
Catedral Cordoba

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