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Capilla de Nuestra Señora de la Antigua

26 de Julio de 2015
Iglesia en Córdoba 476 ImagenComo en casi todas las capillas del lado norte que vamos visitando, lo más destacable de este pequeño recinto es su retablo. Aquí, como refiere M. Nieto Cumplido [La Catedral de Córdoba, p.432-433], el retablo se forma a partir de la mesa y un par de columnas de fuste entorchado que enmarcan la única calle. La caja central está formada por un amo de medio punto que acoge la pintura de nuestra Señora de la Antigua. Sobre las columnas descansa el entablamento coronado por un frontón triangular. La mesa de altar tiene en su frontal un azulejo con el sacrificio de Isaac. Tanto el retablo como la pintura son obras de Pablo de Céspedes, de 1600-1601. Ya conocimos a este autor, verdadero hombre del Renacimiento, cuando contemplábamos el retablo de la Santa Cena. Este personaje fue racionero de nuestra Catedral, y en ella fue enterrado, frente a la capilla de la Conversión de San Pablo, conservándose su lápida; la cual, como tantas otras diseminadas por el pavimento del templo, nos recuerda que el edificio es, además de Catedral —y precisamente por serlo—, un gran cementerio, donde descansan cientos de personas, ilustres o anónimas; circunstancia que, por sí sola, lo ha alejado definitivamente, como sabemos, de su antigua condición de mezquita. Volviendo al retablo, a algunos les podrá parecer extraña la advocación de Nuestra Señora de la Antigua. En realidad, esta devoción fue muy popular en su tiempo; también hoy, una imagen de este nombre despierta gran fervor en Hinojosa del Duque. Como refiere D. Manuel, esta advocación, originada en el siglo XIV, se mantendrá fiel a su iconografía durante siglos. Ciertamente, Pablo de Céspedes sigue al pie de la letra el arquetipo que podemos ver, por ejemplo, en la hermosa capilla homónima de la Catedral de Sevilla, cuya imagen inspiró una hermosa leyenda relacionada con el Rey Santo y la conquista de la ciudad hispalense. En realidad, el modelo se inspira en el tema bizantino de la Odegitria. En efecto, durante la Edad Media la influencia del arte bizantino fue fundamental —no sólo en el arte cristiano, sino también en el musulmán, como evidencia nuestra Catedral—, y marcó, entre otros, los tipos de representación de las imágenes de la Santísima Virgen. En este caso, María está representada como la que indica el camino —que eso significa la palabra griega Odegitria—, refiriéndose a Jesús, Camino, Verdad y Vida [Jn 14, 6]. Así, en nuestra capilla, en óleo sobre lienzo se representa a la Virgen con el Niño en el brazo izquierdo y una rosa en la mano derecha sobre el pecho. Dos ángeles sostienen una corona sobre la cabeza de la Virgen. En el nimbo que rodea su cabeza, aparecen las palabras del Avemaría. Además, el Niño sostiene una avecilla en su mano izquierda —lo que suele representar el alma, o bien el intermediario entre la tierra y el cielo—; por último, en la más fiel tradición bizantina, el fondo se presenta totalmente dorado, símbolo de lo divino y celestial. De nuevo, una imagen de la Virgen en nuestra Catedral. Ciertamente, sorprende la enorme cantidad de advocaciones con las que el pueblo cristiano ha querido honrar a la Madre de Dios y Madre nuestra. Un paseo por nuestros pueblos y ciudades o el recorrido que vamos realizando por nuestra Catedral nos lo demuestran. Y es que, no en vano, Andalucía es llamada, y con razón, la Tierra de María Santísima.
Catedral Cordoba

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