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Capilla de San Esteban

13 de Septiembre de 2015
Iglesia en Córdoba 478

La capilla que hoy visitamos está dedicada al llamado protomeírtir, es decir, el primero que entregó su vida por la fe, imitando a nuestro Señor Jesucristo. M. Nieto Cumplido [La Catedral dc Córdoba, p. 435] nos indica que su retablo se compone de un amplio registro que alberga el gran lienzo en que se representa el martirio de San Estebania, diácono, pintado por luan Luis Zambmno (Córdoba 1598-Sevilla, 1639), el discípulo más aventajado de Pablo de Céspedes', según atribución de Acisclo A. Palomino. Este último dato no hay que entendedo en sentido literal, pues Zambrano tenía solo diez años cuando murió su presunto maestro. Se trata de una admirable pintura. La escena —nos describe D. Manuel— está distribuida cn dos planos. En la parte baja, el martirio según Hechos, 7, 58. Completa la composición un rompimiento en gloria as en el que aparece el Padre Eterno junto al Hijo, que lleva una cruz en la mano, envuelto todo en densas nubes y rodeado de ángeles y querubes. Verdaderamente, es muy frecuente en la pintura religiosa recurrir a este recurso de plantear la escena dividida en dos registros, el terreno y el e el este. Todos conoc em os el celebérrimo entierro del Señor de Orgaz, de el Greco, aunque modelos
de este tipo no faltan en nuestra Catedral. Recuerden, por ejemplo, las pinturas de Palomino en la capilla de Santa Teresa as. Esta práctica pretendía manifestar el estrecho vínculo que existe entre la realidad terrestre, visible, y la celeste, invisible, pero no menos real, pues si lo terreno existe es porque Dios lo ha creado y lo mantiene en el ser. Así, el Catecismo de la Iglesia Católica nos aplica que a través del relato de los
»seis días» de la Creación, la Sagrada Escritura nos da a conocer el valor de todo lo creado y su finalidad de alabanza a Dios y de servicio al hombre. Todas las cosas deben su propia existencia a Dios, de quien reciben la propia bondad y perfección, sus leyes y lugar en el universo [Comp. 62]. La portada de la capillas guarda el canon de las restantes del lado Norte, con frontón partido, que alberga un relieve con el martirio de San Esteban. En el entablamento, el escudo del fundadoras. Volviendo a la pintura de Zambrano, el Santo está figurado como un joven diácono que viste una hermosa dalmática roja —color que simboliza el martirio—, en cuyo frente se muestra una escena que parece representar el martirio del Santo, e om o se ve en los ornamentos del San Esteban de la pintura citada de el Greco. Se halla de rodillas, en el momento de ser apedreado. Su rostro, imberbe, dirige la transfigurada mirada al Cielo -como refiere el libro de los Hechos de los Apóstoles, todos los que estaban sentados en el Sanedrín, vieron su rostro como el rostro de un ángel [Hch 6, 15]—. San Esteban murió perdonando: Después dobló las rodillas y dijo con fuerte voz: »Señor, no les tengas en cuenta este pecado» [Hch 7, 60]. Desde entonces, innumerables cristianos, mujeres y hombres, ancianos, adultos, jóvenes y niños; papas, obispos, sacerdotes, consagrados, vírgenes y laicos, han entregado la vida por Cristo, dando prueba de la fortaleza que Dios da a quienes desea sean sus testigos ante el mundo. Es una dolorosa constante en la historia de la Iglesia, que se prolonga hasta nuestros días. Pero también es una muestra gloriosa de que, como afirma nuestro Señor Jesucristo, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará [Me 8,35].

Catedral Cordoba

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