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Capilla de las benditas Ánimas de Purgatorio

28 de Junio de 2015
Iglesia en Cordoba n.472 ImagenNos hallamos hoy ante una de las capillas más notables de nuestra Catedral, no tanto por su valor artístico, como por ser el lugar de enterramiento de Gómez Suárez de Figueroa, más conocido como Garcilaso de la Vega el Inca [1539-1616], gran escritor, hijo de un noble español y una princesa peruana, perteneciente a la ilustre estirpe de los emperadores incas. M. Nieto Cumplido [La Catedral de Córdoba, p. 425-426] nos informa que, en 29 de octubre de 1612 consta que "se dio un sitio para capilla i entierro en un arco hacia los Naranjos a Garcilaso Inga de la Vega [...]". La extensa inscripción existente en la capilla, dividida en dos piezas, resume la biografía y la obra del Inca Garcilaso. Se trata, en verdad, de un personaje muy interesante, que se convirtió en la primera gran figura intelectual que produjo el mestizaje en América. El retablo —continua D. Manuel—, quizás de Juan de Ortuño, se compone de un gran registro o caja central flanqueado por dos columnas entorchadas en el que se halla el Cristo Crucificado de Vázquez de Ureta —que destaca delante de una pintura de Jerusalén atribuida a Melchor de los Reyes—, y dentro del frontón partido, un pequeño relieve del Padre Eterno, rematado en un frontoncillo triangular. En el montante semicircular de la reja, escudo partido del Inca con las armas de Figueroas, Mendozas, Vargas y Sotomayores. A ellas añade su estirpe imperial incaica: sol y luna creciente, la "mascapaycha" pendiente del "llautu" —una especie de tocado que el Inca llevaba en la cabeza, como signo de su dignidad imperial—, mordido en sus extremos por dos serpientes coronadas. [...] Sobre la portada, lienzo que representa a las Ánimas de Purgatorio. Además, en la cripta de esta capilla descansan los restos de uno de los obispos más eminentes que ha tenido la diócesis de Córdoba después de Osio, fray Albino González Menéndez-Reigada, O. P (1946-1958), cuya inscripción sepulcral —labrada por Amadeo Ruiz Olmos— ante la reja de la capilla recuerda su amplia labor social desarrollada especialmente en la construcción de viviendas para los pobres. Como en la portada, también en el interior +
aparecen, a ambos lados, dos pequeños lienzos que representan las Ánimas de Purgatorio. Es realmente admirable el empeño con que nuestros antepasados se preocupaban del alivio de estos hermanos nuestros que se purifican antes de entrar en el Cielo. No se trata, evidentemente, de una creencia anticuada. El Catecismo de la Iglesia Católica [1030-1032] define claramente que los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo. La Iglesia llama purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es distinta del castigo de los condenados. [...] Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos, de la que ya habla la Escritura: [...] (2 M 12, 46). Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico [...]. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos. Tengamos, pues, la caridad de rezar por las Ánimas de Purgatorio. Tal vez, en el futuro, nos toque agradecer que otros recen por nosotros.
Catedral Cordoba

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