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Altar del Cristo de las Penas

12 de Abril de 2015
Iglesia en Córdoba 461

Terminando ya la esplendorosa Semana Santa cordobesa, queremos reparar en el cartel oficial elegido este año para anunciarla; en él aparece la medieval imagen del Santísimo Cristo de las Penas -que se venera en la Parroquia de Santiago-, mientras realiza su estación de penitencia en la Catedral. Bajo el torrente de luz del crucero, el Crucificado se enmarca en la inigualable sucesión de arcos del tras-coro, unos de herradura, otros ligeramente apuntados, todos enriquecidos con una hermosa decoración renacentista, mientras se dejan ver, en los márgenes, las severas bicromías de las arcadas califales.
Pues bien, también nuestra Catedral tiene su Cristo de las Penas. Se trata de un pequeño altar -por el que todos pasan, pero que casi nadie ve-, que se encuentra en el reducido espacio que permite la anchura del muro norte que da al patio de los Naranjos. En efecto, M. Nieto Cumplido [La Catedral de Córdoba, p. 495] nos explica que este altar se encuentra junto a la puerta de entrada de la galería occidental del patio, en la nave 19. A mano izquierda del que entra puede verse, bajo un dosel, la imagen pintada del Cristo de las Penas. En el frontal de la mesa de altar lleva esta inscripción: “A devoción de don Sancho de Lerena año de 1765. Se trata de un hermoso Crucificado de tres clavos, muerto, que inclina la cabeza hacia el lado derecho y destaca sobre el fondo nocturno; a sus pies, presenta los bustos orantes de varias Animas del Purgatorio. El buen tratamiento de la anatomía y del paño de pureza -o perizoma-, indica que nos encontramos ante una apreciable obra. Por otra parte, en el intradós del arco que hace de dosel aparecen, algo perdidas, las arma Christi es, es decir, los atributos de la Pasión del Señor que ya conocemos: la escalera, la corona de espinas, los clavos...
Pero, si levantamos aún más la mirada, en la parte superior del dosel, junto al pequeño soporte de hierro del que suspendía la lámpara, reparamos en que existe una pequeña cartela con unas palabras escritas, por las cuales nos habla la sagrada imagen. Nos dice así: “Iesuchristo de las Penas / soi de los fieles llamado / por redimir su pecado / con la sangre de mis benas / reo de culpas agenas / fui en una cruz / enclabado. Se encuentra allí esta inscripción con el piadoso propósito de advertirnos que meditemos en el misterio de la Redención: es decir, en el tremendo acontecimiento de que Dios, hecho Hombre, derramó su preciosa Sangre para el perdón de nuestros pecados. Es lo que conmemoramos en cada Misa, pero singularmente en Semana Santa, en el Santo Triduo Pascual. Nuestros antepasados fueron siempre conscientes del deber de reverenciar este misterio; por eso, todavía hoy, costaleros, penitentes y devotos siguen aunando sus esfuerzos para que estos días hayamos podido contemplar, por las calles de Córdoba, cómo las veneradas imágenes de las distintas cofradías se dirigían a la Catedral, a su Catedral, para la estación de penitencia. De entre ellas, siempre estremece de un modo especial la contemplación de un Crucificado, aquél que me amó y se entregó por mí [Gal 2, 20], como nos demuestra, en nuestra Catedral, la hermosa y discreta presencia del altar del Cristo de las Penas.

Catedral Cordoba

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