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Capilla de la Natividad de Nuestra Señora

08 de Marzo de 2015
Iglesia en Córdoba 457 ImagenVisitamos hoy esta capilla, en la que podemos apreciar una muestra de la obra del gran arquitecto Hernán Ruiz II [1514?-1569], miembro de una ilustre estirpe de constructores que intervino de manera determinante en la transformación de la Catedral. Porque, aunque el edificio había sido consagrado en 1236, las reformas arquitectónicas medievales apenas alteraron significativamente el aspecto de la antigua mezquita. Fue el Renacimiento, pues, quien dotó al templo de su definitiva apariencia de Catedral.
Con respecto a esta capilla, M. Nieto Cumplido [La Catedral de Córdoba, p. 400-401] indica que la aportación arquitectónica de Hernán Ruiz II puede aún verse en la bella bóveda ojival, idéntica en su trazado a la de la capilla de la Resurrección, y en los contrafuertes [...]. Al ser ésta de la Natividad más ancha (casi dos intercolumnios), el maestro mayor le añadió en los costados laterales dos arcos con decoración renacentista. El mismo arquitecto dio también las condiciones para la ejecución del retablo, que quedó a cargo del escultor Martín de la Torre, según contrato de 6 de julio de 1567. [...] El retablo está formado por banco, un cuerpo constituido por un gran registro central flanqueado por dos pares de columnas con estrechos intercolumnios con imágenes, de arriba abajo, de San Pedro y San Juan Bautista (epístola), San Andrés y San Sebastián (evangelio), todas de Martín de la Torre. [...] En el bancos, tres óleos sobre tabla que representan la Anunciación, el Nacimiento y la Visitación de María a su prima Santa Isabel, muy retocados posteriormente. En el registro central, gran pintura sobre tabla con el Árbol de Jessé -que es obra de Gabriel de Rosales, excelente pintor ma-nierista activo entre 1563 y 1591, quien la acabó en 1578-.
El Árbol de Jessé -padre del rey David- representa la genealogía de Nuestro Señor Jesucristo, partiendo de la profecía de Isaías [Is 11, 1-2]: “Saldrá un vástago del tronco de Jesé, y un retoño de sus raíces brotará. Reposará sobre él el espíritu de Yahveh: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza”. Jessé aparece dormido, y de su costado -como del de Adán nació Eva o del de Cristo brotó el sacramento admirable de la Iglesia entera [SC, 5]- surge, aquí, el árbol, en el que florecen doce personajes, todos reyes y profetas bíblicos, en actitudes miguelange-lescas. La cima la ocupa la Santísima Virgen, que sostiene en sus brazos al Divino Niño.
Como ocurría en la capilla de la Magdalena, el frontal de la mesa de altar muestra un hermoso azulejo, en este caso figurando la Adoración de los Reyes [Mt 2,1-12] con una inscripción latina [Sal 72, 11-12, que puede traducirse “los reyes de Tarsis y las islas traerán tributo. Los reyes de Sabá y de Seba pagarán impuestos; todos los reyes se postrarán ante él, le servirán todas las naciones”]. Siguiendo la tradición de la Iglesia -y de nuestra Catedral-, se vinculan ambos textos bíblicos. Del mismo modo, el pavimento de azulejos en rombos blancos y azules con estrella de ocho puntas en cada uno de ellos, alternando igualmente en blanco y azul, debe ser contemporáneo de la construcción de la capilla. Vemos, pues, cómo también la cerámica, una de las artes decorativas -a veces injustamente llamadas artes menores-, se conjuga aquí con las demás Bellas Artes para enaltecer el espacio sagrado de nuestra Catedral
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