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Capillas de Santa María Magdalena y Asuncion de Ntra. Señora

01 de Marzo de 2015
Iglesia en Córdoba 456

ImagenTras visitar la suntuosa capilla del Sagrario, abandonamos el muro sur de la Catedral para examinar las capillas que se abren al lado oriental. Comenzaremos por la de Santa María Magdalena, bienaventurada mujer a quien San Juan Pablo II llamó, siguiendo la Tradición de la Iglesia, la apóstol de los apóstoles [Mulieris dignitatem, 16].
Lo primero que llama nuestra atención es la espléndida reja, en la que aparecen dos cartelas con la fecha: 1554. Merece la pena detenernos a contemplarla. M. Nieto Cumplido [La Catedral de Córdoba, p. 398-399] indica que en su fachada principal ostenta las armas de la familia Valenzuela. Finos barrotes en su parte baja terminan en un friso con temas platerescos, sobre el cual se desarrolla el segundo cuerpo más decorado, con un medio punto en cuyo interior dos figuras sostienen el escudo del fundador, y en sus enjutas, medallones. Otro magnífico friso de grutescos y monstruos permite iniciar el remate espléndido que desarrolla compleja decoración a base de medallones, monstruos y figurillas de ángeles en chapa repujada. El fundador contrató su ejecución con Fernando de Valencia el 3 de junio de 1552.
Ya en el interior, destaca el hermoso retablo renacentista, recientemente restaurado. En él, las representaciones escultóricas -prosigue M. Nieto- ocupan la calle central, algo más ancha que las laterales, mientras que los intercolumnios presentan registros para pinturas. Las pinturas en tabla, que representan la Adoración de los Pastores, la Adoración de los Magos y la Estigmatización de las llagas de San Francisco (banco), San Juan Evangelista y Santa Catalina (primer cuerpo), Santiago peregrino y San Sebastián (segundo cuerpo), Santísima Virgen, arcángel San Gabriel y la Trinidad (ático), han sido últimamente atribuidas a Pedro Fernández Guijalvo. El
frontal de azulejos, que lleva la inscripción: Parasti in conspectu meo mensam adversus eos qui tribulant me, está fechado en 1558. En coloración muy suave y, a veces, imprecisa, se representa la escena bíblica del Maná (Ex. 16,1-36).
La inscripción se refiere al salmo 22 [23], 5, y se traduce como preparas una mesa ante mí enfrente de mis enemigos. No es casualidad que la escena -y el texto- estén representados en el frontal del altar, donde cotidianamente se celebraba la Santa Misa. En efecto, la escena del maná ha sido entendida siempre como una prefiguración de la Eucaristía. Recordemos el pasaje en el que Jesucristo mismo, ante las preguntas de los judíos, así lo hizo advertir [Jn 6, 31-35]: Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: “Pan del cielo les dio a comer. ” Jesús les respondió: “En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del délo; [...] Entonces le dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan.” Les dijo Jesús: “Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre”. Ciertamente, para artistas, comitentes, capellanes y asistentes a la liturgia eucarística, resultaría evidente el valor simbólico y real de las imágenes e inscripciones que figuran en la capilla. Algo que, desgraciadamente, no ocurre en nuestra sociedad moderna, cuantiosamente informada, es verdad; pero también intensamente desacralizada, y, por ello, incapaz de penetrar el verdadero sentido del Arte cristiano.

Catedral Cordoba

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