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Capilla del sagrario (1 de 2)

15 de Febrero de 2015
Iglesia en Córdoba 454

ImagenNuestro recorrido alcanza hoy uno de sus puntos culminantes, no sólo por el inconmensurable valor artístico de este recinto, sino sobre todo por tratarse del Sagrario de la Catedral, lugar venerable por excelencia en este edificio sacro. M. Nieto Cumplido [La Catedral de Córdoba, 382-390] señala que, hasta el siglo XVI, esta capilla ostentó el título de Santiago por fundación de don Juan Ponce de Cabrera y su mujer doña Inés Enríquez, aunque ya antes había sido sepultado en su solar el obispo don Fernando de Mesa (1257-1274). [...] No obstante este primer destino, en 9 de febrero de 1480 el cabildo encargó a tres capitulares efectuar el traslado de la librería capitular desde la capilla de San Clemente a la de Santiago, pero el acuerdo no llegó a tener efecto. [...] Por fin, el 7 de enero de 1517 se comprueba la puesta en ejecución del proyecto.
Esto nos permite recordar el papel que el Cabildo catedralicio ha desempeñado a lo largo de los siglos, no sólo como mecenas de las artes; también, como dinamizador de la cultura en Córdoba, lo que ha permitido que la biblioteca y el archivo Capitular constituyan hoy uno de los mayores tesoros no ya de la Catedral, sino de la Diócesis entera. Sin embargo, —continúa M. Nieto—. Un nuevo proyecto vino a torcer por tercera vez el destino de su recinto. Se trataba de pasar a él la cura de almas de la feligresía de la Catedral y el Sagrario de la Catedral que, desde el siglo XIII, había estado instalado en la capilla colateral de la de San Pedro (mihrab). Custodiados, pues, los libros en otro lugar, se procedió a la ejecución de este nuevo plan.
Al recinto precede, como vimos en el caso de la capilla de la Purísima, un gran lucernario, que señala con un intenso foco de luz natural el lugar santo. La reja presenta el escudo del obispo don Martín de Córdoba [1578-1581]. El barrotaje radial del montante -señala D. Manuel- está bellamente suplido por las banderas tomadas a Boabdil en 1483, que figuraban en el escudo de armas de la familia.
Como siempre que nos acercamos a un Sagrario, debemos, antes que nada, adorar al Santísimo Sacramento que se encuentra custodiado allí, con una genuflexión y unos momentos de oración. Después, con todo respeto, podremos admirar las bellezas que el Arte y la devoción han concentrado en aquel lugar. En esta capilla, que está destinada a la adoración, contemplaremos con discreción el tabernáculo, obra del entallador flamenco Guillermo de Orta. Nos encontramos ante una pieza ciertamente espléndida verdadera joya del Renacimiento, en palabras de D. Manuel. El recinto del tabernáculo aparece como un habitáculo abierto en el muro, totalmente dorado en su interior -recuerden la simbología divina del oro, y la referencia al Sancta Sanctorum del Templo de Jerusalén-, donde un suntuoso templete se muestra ricamente tallado con escenas de la Pasión de Nuestro Señor, figuras alegóricas de la Eucaristía y decoración vegetal.
La semana próxima describiremos las pinturas, que enriquecen los muros de la capilla, pero antes, fijémonos en lo que declara una cartela justo encima del tabernáculo: gustate et videte quam suavis est Dominus, es decir, gustad y ved qué suave es el Señor [Sal 34, 8]. Es una invitación a adorar a Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre que, por amor a nosotros, ha querido quedarse en éste y en todos los sagrarios del mundo.

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