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El templo Visigodo de San Vicente

21 de Mayo de 2009

La Basílica de San Vicente


Es a esta basílica donde se traslada a mediados del siglo VI la sede episcopal, debido a la conveniencia de ubicarla en un lugar a intramuros, a refugio de las incursiones visigodas. Lo que en un segundo momento constructivo sirvió como elemento integrador de una planificación urbanística consciente y desarrollada plenamente desde el poder bizantino. A partir de este momento es cuando la zona sur de la ciudad se organiza como un auténtico escenario del poder, en el que cristaliza el germen de la ciudad más “oriental” de Hispania.

Es que es posible que en Córdoba existiese un control bizantino hasta su conquista (previo pago a sus enemigos) por Leovigildo en el 572, siendo hasta ese año capital de la provincia bizantina de Spania.

La edilicia bizantina había pasado desapercibida hasta fechas muy recientes, si bien su influencia artística quedaba contrastada con el hallazgo de ajuares en enterramientos asociados a la basílica de San Acisclo, lámparas de procedencia oriental, pavimentos musivos y los mosaicos de Santa Clara o la Calle Judíos.

El hallazgo de Santa Catalina confirma que junto a San Vicente se alzaba todo un conjunto de edificaciones surgidas del nuevo orden político y religioso, reflejo del poder religioso, con la catedral y sus edifcios de servicio, y de carácter civil, con el Palacio de Rodrigo.

Si F. Hernández con sus excavaciones abrió el campo a la investigación científica de San Vicente, fue Ocaña en 1942 el que profundizó en el tema, aunque desde el análisis de los textos. Ocaña cree que puede deducirse que San Vicente era la Iglesia Mayor y quedó en poder de los cristianos tras la conquista islámica por un pacto de capitulación. Estaba separada por una calle del palacio de los gobernadores visigodos y en ella tendrían los musulmanes su primera aljama en Córdoba y sería arrasada al construirse la Mezquita. Aproximando la fecha de inicio al culto islámico entre los años 750 y 756 d.C.

Para el conocimiento de San Vicente contamos con los materiales arquitectónicos reutilizados en la fábrica de la Mezquita y los hallazgos de piezas arqueológicas, así como los trabajos de F. Hernández quien excavó en varios puntos: Puerta de San Esteban, ángulo noroeste del Patio de los Naranjos y el interior de la sala de la oración.

En el Patio de los Naranjos localizó un edificio de planta basilical con cabecera triabsidada, orientada norte-sur, con cabecera hacia el norte, en el que se hallaron tres capiteles visigodos, dos basas y un fuste, así como cerámica romana. En nuestra opinión sería la Iglesia que estaba en poder de los cristianos cuando Abd al-Rahmán I compra esta zona.
La introducción de especies arbóreas en el patio de la mezquita fundacional dio ocasión de disputas en el siglo IX, pero su mantenimiento a través de los siglos con palmera, cipreses, olivos, naranjos y cinamomos le ha convertido en uno de los lugares más placenteros del monumento.

En la Sala de Oración los trabajos de Hernández se centraron en el espacio de Abd al-Rahmán I hacia la zona limítrofe con la ampliación de Almanzor hacia el este, así como a zonas de Abd al-Rahmán II y al-Hakam II. Fueron hallados muros y pavimentos hidraúlicos de opus signium y mosaicos, así como un derrumbe generalizado del que se deducen hasta tres naves bien diferenciadas. La cota de arrasamiento podría asociarse a la extracción de material arquitectónico para su reutilización, y el derribo de los alzados y la nivelación consiguiente realizados para la construcción de la posterior Aljama. Las estructuras halladas eran pertenecientes a construcciones paleocristianas con orígenes en los promedios del siglo VI, que acusan un cambio importante en la segunda mitad de dicho siglo y reformas en época visigoda.

Creemos que gran parte de lo hallado por F. Hernández se relaciona con los hallazgos en Santa Catalina en cuanto a la edilicia y la decoración, en concreto la segunda fase constructiva. Por otra parte, la existencia de ladrillos con inscripción en la fábrica de los muros de la primera fase constructiva, y su evidente asociación a los pavimentos musivos que pavimentan estos espacios, confirma el carácter paleocristiano del origen de los restos y su datación en el siglo VI.

Con respecto a los mosaicos hallados por Hernández conocemos que al menos fueron localizadas cuatro zonas en las que aparecerían: junto a la fuente de Santa María (sabemos de su existencia a través de la información transmitida por Samuel de los Santos), en la zona oeste y central del oratorio de Abd- al-Rahmán I y otro sólo conocido por fotografías.

Con respecto a la segunda zona se trata de un pavimento musivo. La tercera zona presenta motivos geométricos, destacando una cenefa de círculos enlazados cuya datación podría adelantarse hasta el siglo V, al igual que la presentada por los pavimentos de Santa Catalina, en la Merced y el de las cuatro estaciones.

Con respecto a los trabajos de la zona occidental del oratorio, los restos visibles en la actualidad corresponden a una habitación perteneciente a una Iglesia, y conserva tanto suelos de mosaico como muros en alzado. Los restos de estos muros originales presentan como técnica constructiva el denominado “opus vittatum mixtum”, realizado a base de la alternancia de hiladas de sillarejos y ladrillos, cuya peculariedad está en la utilización de algunos elementos en los que se inserta a molde la inscripción “ex off leonti” (del taller de Leoncio) y un crismón, ambos certificando su origen crisitiano.
Sillares y mampostería visibles en el yacimiento del Templo Visigodo de San Vicente, tal cual se pueden ver actualmente en el interior de la Mezquita-Catedral.

El pavimento de esta estancia de la Basílica de San Vicente es un mosaico que presenta una decoración en tres zonas diferenciadas y separadas entre sí. El situado más al norte presenta un motivo arquitectónico a base de arcos entrecruzados. La zona principal, que ocupa casi la totalidad del espacio registrable en la actualidad, presenta una decoración geométrica a base de medallones con diversos motivos, entre ellos una cruz. La tercera zona decorada presenta un motivo cristiano a base de una crátera floreada flanqueada por una paloma y una corona de espinas, que simbolizan al Espíritu Santo y al martirio.
Al mosaico carácterístico de tradición romana, los visigodos aportaron fundamentalmente su gusto por el dibujo geométrico, propio del arte mobiliario de las tribus germanas.

Estos restos arqueológicos se encontraban registrables dentro de un subterráneo, acondicionado para su conservación por el arquitecto Félix Hernández en los años 30 del siglo XX. Con la apertura de un hueco protegido con barandilla se pueden ver hoy día estos restos paleocristianos sin necesidad de bajar al subterráneo.
Estos mosaicos, que han permanecido durante siglos en la oscuridad, pueden ser visitados desde su reciente apertura, en el año 2005.

El conocimiento de San Vicente abre nuevas perspectivas en relación con la modulación de la mezquita, existiendo la posibilidad de que la mezquita de Abd al-Rahmán I se adaptase a unos límites urbanos preexistentes, tratándose pues de la ocupación de una ínsula del complejo episcopal cordobés.

El palacio y la Mezquita de Abd al-Rahmán I se encontraban separados por la calle mayor, no mostrándose enfrentadas sus fachadas en ningún punto, por lo que creemos que las construcciones paleocristianas habían llegado hasta el límite impusto por la vía que discurría en dirección este-oeste por el límite sur del Alcázar, y que desembocaría por el este en la Puerta Sevilla, espacio que sería abarcado por al-Hakam II. Es en este espacio preexistente donde se desarrolla la Aljama, aunque la fuerza de la Mezquita de Abd al-Rahmán I sería un elemento que serviría de modelo arquitectónico.

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