Jueves,21 de Septiembre de 2017
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Una institucion poco conocida

Antecedentes históricos
21 de Mayo de 2009

El primer “maestro” o “profeta” del Islam fue el profeta Mahoma y con sus enseñanzas, no solamente religiosas, que hizo a principios del siglo VII el fundador de esta nueva civilización, la sociedad primitiva en Arabia se convulsionó. Se produjeron infinidad de cambios para los cuales era precisa la creación de múltiples instituciones que pudieran propagar profundamente las enseñanzas del Islam.

En la creación de todas las instituciones, la primera y más importante de todas ellas fue la Mezquita. Y el origen de la misma no estuvo ni mucho menos en el rezo cotidiano, tal como se cree generalmente en todo el Occidente, sino en el desarrollo pedagógico-didáctico y educativo de las nuevas generaciones.


La Mezquita en general fue por tanto la primera institución de la enseñanza educativa, y el instrumento más eficaz que contribuyó a la transición de una sociedad árabe que, desde un estadio primitivo de nomadismo, en el que la tradición oral era una característica dominante, se va a pasar a un estadio mucho más desarrollado y sedentario con la tradición escrita.

Por tanto, la mezquita islámica, al principio de su creación estuvo destinada exclusivamente a la educación y a la enseñanza, ya que para la oración, el Islam, al principio, utilizaba siempre las Al-Musallas o espacios al aire libre (oasis) en cualquier lugar.

Claro está que la educación y la enseñanza en esta nueva civilización nacerá y partirá del libro redactado, no por el profeta como mucha gente cree, sino por sus discípulos, quienes recopilando las enseñanzas del “maestro” en la Mezquita, darán a conocer el libro sagrado del “Al-Koram”. Éste, dividido a su vez en 114 suras y éstas subdivididas a su vez en versículos, dará paso a la creación, en la propia Mezquita, de un nicho o altar litúrgico, llamado “mighrab”, desde cuyo suelo el sacerdote imán, a diario, dirigirá la oración de la “al-salat”, tradicionalmente en esa época cinco veces al día, y el viernes de cada semana, día sagrado, en el mimbar o púlpito del mismo altar, se pronunciará por parte del jatib, sacerdote de rango superior al imán, el sermón llamado “al-jootba”.

Existían en la Mezquita, además de las cuatro escuelas de juriconsultos (Malik Ibn Anas, Abu-Hanif, Ibn Hamb y Al-Safi) y una intensa actividad cultural, dos instituciones bien diferenciadas: la Al-Kuttab (Colegio), dirigida al aprendizaje del Coran y de los estudios menores, como leer, escribir, orar y álgebra; y la Al-Madraza (Universidad), enfocada al estudio de los estudios mayores, que más tarde detallaremos.

Considerando igualmente que el citado término de Madraza deriva en la lengua árabe de la raíz verbal de “daraza”, que significa estudiar, y que la palabra universidad, del latín “universitas”, asociación de profesores y alumnos, el primero acuñado en Oriente y traído por los Omeyas a Occidente, y el segundo acuñado en la Escolástica Italiana en el ya citado siglo XIII, ambos, a lo largo de la Edad Media, se practicaron, los islámicos en las mezquitas y los cristianos en los conventos y monasterios de las distintas órdenes monásticas.

A pesar de ello, es realmente difícil imaginarse hoy nuestro primer monumento árabe, en esa época, convertido en una gran aula en la que los profesores, sentados sobre cojinetes de cuero y apoyados a las columnas eran escuchados pacientemente por sus discípulos. No obstante, haciendo un poco de esfuerzo mental, es necesario recordar que hasta el año 1236, el cristianismo no comienza la transformación de la mezquita en catedral, razón por la que antes de ello se puede uno imaginar perfectamente, en principio, una mayor concepción espacial en el arte árabe del período emiral primero y del período califal después, además de una iluminación natural, al no estar construidas aún, ninguna de las capillas colaterales, ni la primera construcción cristiana primitiva de los siglos XIII al XV, ni la propia catedral de Carlos V, la cual, aunque desde estos renglones afirmamos y aseveramos que su construcción fue extraordinariamente positiva para la conservación del resto del edificio, no dejamos de reconocer, sin embargo que, con ella en el centro de la Mezquita, sea prácticamente imposible imaginar la visión universitaria a la que se está aludiendo en este trabajo.

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