Lunes,18 de Junio de 2018
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XXIII Semana de la familia

15 de Abril de 2018
Igesia en Córdoba 599

Con la Vigilia de Oración por la Vida celebrada en la Catedral de Córdoba comenzó la XXIII Semana de la Familia presidida por el Obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, y en la que se desarrollaron cuatro testimonios con los que ofrecieron una visión personal, humana y familiar del sentido de la vida con la fe cristiana como protagonista. Así arrancó una de las semanas más destacadas en el calendario diocesano, organizada por la Delegación diocesana de Familia y Vida, y en la que estuvo presente el obispo de Bilbao acompañando al prelado cordobés, quien, tras escuchar al conjunto de testimonios, expresó que "la vida es preciosa en todas sus etapas; es una realidad" y constató por el conocimiento de situaciones que le proporciona este encuentro de adoración eucarística y sus sucesivas visitas pastorales que "la gran y buena noticia que la fe cristiana debe transmitir es que la vida es bella, la vida es bonita y sagrada"

TESTIGOS DE VIDA
Las personas que prestaron su testimonio, proceden de diferentes ámbitos profesionales y sociales. Así, un médico ginecólogo, Rafael Barrientos, narró su experiencia profesional al frente de un matrimonio que esperó con amor y ternura el nacimiento de Valle, fallecida al nacer. El doctor compartió con los participantes en la vigilia que nunca tuvo una experiencia igual y cómo el amor de los padres "marcó mi vida profesional". También una voluntaria de Fuente de Vida, el programa de acogida para madres en dificultad de las madres Adoratrices, relató las condiciones en que llegan muchas de las madres allí residentes y cómo van transformando su vida al lado de sus hijos. Al tiempo que el testimonio de Maricarmen Nieva, que despidió a su padre recientemente tras diez años de dura enfermedad, sirvió para "comprobar la unión y el amor que había generado entre nosotros". También de la parroquia de la Esperanza llegó Ana Alcázar para defender su vida por encima de las dificultades que padece desde los dieciocho años, cuando le diagnosticaron una grave enfermedad que afecta a su sistema nervioso. Desde su silla de ruedas y con la ayuda de su amiga Lali Ramírez, que describió su historia de fe frente al dolor, la mujer realizó una defensa de la dignidad de la vida humana, más allá de sus condiciones. Comenzaba así la vigésima tercera edición de la Semana de la Familia, que este año ha llevado por lema "50 años de la Humanae Vitae. Una encíclica profética".
En su intervención, Iceta Gavicagogeascoa hizo un recorrido por diversas corrientes que ofrecen un sentido de "libertad" por encima de todo y que deja a la familia en un segundo plano. Al hilo de esto, señaló que una sociedad que cuida de la familia está asegurando un futuro esperanzador, para centrarse posteriormente en todo el desafío de la revolución sexual, al que Pablo VI quiso darle una respuesta a través de la encíclica Humanae Vitae. La conferencia que ofreció el obispo de Bilbao llevó por título "La respuesta de Humanae Vitae al desafío cultural sobre la procreación". Al hilo de esto, Iceta afirmó que como cristianos, somos servidores de la vida, donde la familia adquiere una importancia capital, ya que es el lugar antropológico por excelencia donde nace la vida y donde es acogida. Al referirse a los retos y perspectivas de Humanae Vitae (25 de julio del 68), recordó que esta encíclica se escribió en un contexto cultural y social complejo, donde por un lado, se encontraba toda la cuestión de la revolución sexual, del feminismo que había evolucionado en su tercera o cuarta generación hacia un radicalismo. Además la cuestión del neomaltusianismo que tiene su expresión en las políticas de control de la natalidad que se implementan e impulsan decididamente en los países occidentales y se extiende a países en vías de desarrollo, así como el desarrollo de los medios anticonceptivos. Para el Obispo de Bilbao, todo esto son los retos culturales que aparecen en la actualidad, y a los que se les debe dar respuesta desde la antropología cristiana. "Esta antropología subraya la dignidad del ser humano, del matrimonio y de la familia, de toda vida humana y del don de la sexualidad como lenguaje corporal del amor en el que está también inserto el maravilloso don de la procreación humana.". Además, recordó que "en el amor conyugal se dona y se recibe el cuerpo" y se centró en dos asuntos importantes en los que entra el Papa, como son la paternidad responsable y la conciencia. Respecto a la paternidad responsable, Iceta manifestó que es necesario "concienciar del don de la vida humana" y que como bien afirma el papa Francisco en Amoris laetitia, merece ser reconocido como un don inmenso que se nos da". En este sentido, recordó que la pareja debe ser responsable a la hora de procrea; conocer y respetar las leyes biológicas que tiene el ser humano. "Existen medios lícitos para espaciar los nacimientos, ya que el acto conyugal no es sólo una expresión procreativa, sino una expresión del amor conyugal", comentó. Igualmente, haciendo alusión a la conciencia, Mons. Mario Iceta definió ésta como "el núcleo más secreto del hombre, que depende de la verdad moral y que crece y se forma en la familia y en la comunión de la Iglesia". Finalmente, disertó sobre la cuestión del imperativo tecnológico que existe sobre lo qué es el bien de la sexualidad y de la procreación, culminando así su intervención.

Catedral Cordoba

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